Japón quiere reactivar su industria del silicio

Rubén Castro, 9 julio 2021

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La cuota de Japón en las ventas mundiales de semiconductores ha pasado del 50% en 1988 a menos del 10% en la actualidad. Aun así, el país tiene más fábricas de chips que ningún otro, pero sólo unas pocas utilizan nodos de proceso avanzados de menos de 10 nm. Por ello, el país se esfuerza por reactivar su industria de semiconductores, aunque para ello van a tener que invertir muchísimo dinero durante la próxima década.

La actual escasez de chips ha afectado a todo, desde las pantallas LCD hasta las tarjetas gráficas, las consolas de videojuegos, los televisores e incluso los fabricantes de automóviles. Esto ha supuesto que algunos gobiernos hayan tomado conciencia de la fragilidad de la cadena de suministro tecnológico mundial.

En EE.UU., el gobierno de Biden va inyectar 52.000 millones de dólares para impulsar la industria local de semiconductores, atendiendo al llamamiento de la Asociación de la Industria del Silicio, pero sin llegar a los 100.000 millones de dólares que China destina a subvenciones gubernamentales para las empresas de semiconductores.

La Unión Europea también quiere duplicar la fabricación de chips en el marco de su iniciativa “Brújula Digital”, que pretende aumentar la cuota de la región en la fabricación mundial de semiconductores hasta el 20% en 2030. Es un objetivo muy ambicioso, pero Intel ha prometido construir una fábrica de chips en Europa, mientras que Apple invertirá 1.200 millones de dólares en un centro de diseño de silicio en Alemania que se centrará en el 5G y otras tecnologías de conectividad inalámbrica.

Mientras tanto, en Japón, el primer ministro Yoshihide Suga ha revelado que su país tiene como prioridad salvar a la industria local de semiconductores de su caída y ayudarla a recuperar el terrno perdido en cuanto a procesos de fabricación avanzados. Un dato interesante pero poco conocido es que Japón tiene nada menos que 84 plantas de semiconductores, más que cualquier otro país y unas ocho veces más que Taiwán, o cuatro veces más que Corea del Sur.

El principal problema de estas plantas es que la mayoría de ellas utilizan equipos viejos y anticuados, algunos de los cuales fueron traspasados a principios de este año a empresas chinas que estaban más que contentas de comprarlos para evitar las restricciones estadounidenses. Las únicas excepciones notables son Sony y Kioxia, conocidas por sus avanzados sensores para cámaras y memorias flash, respectivamente.

Aunque se podría pensar que el objetivo de Japón es aumentar su producción de semiconductores a toda costa, el plan del país tiene más que ver con la “seguridad nacional”. En concreto, quiere crear un entorno atractivo para que empresas como TSMC construyan fundiciones y centros de investigación y desarrollo locales, con el objetivo final de labrarse un camino independiente para infundir su infraestructura con tecnologías futuras.

Esta estrategia nace, sin duda, de la simple observación de cómo las tensiones globales y la carrera por alcanzar el dominio tecnológico han afectado a la cadena de suministro tecnológico mundial, y también han provocado un retroceso en la globalización de la industria de los chips.

Además, Japón pasó de dominar las ventas mundiales de semiconductores en 1988 a importar el 64% de los chips necesarios para su industria local el año pasado. Japón también quiere aplicar controles más estrictos a la exportación de chips y de los materiales necesarios para fabricarlos, sobre todo porque se considera una industria sensible que permite la fabricación de equipos de uso civil y militar.

La gran pregunta, sin embargo, es qué hará falta para que Japón logre este objetivo. Según Tetsuro Higashi, antiguo presidente de Tokyo Electron, la inversión inicial es de al menos un billón de yenes (9.000 millones de dólares), con un billón más en los próximos diez años. Este veterano de la industria del silicio, de 71 años, afirma que también será necesaria una combinación de subvenciones, exenciones fiscales y un nuevo marco que facilite el intercambio de tecnología.