Miles de turistas del Gran Cañón han estado expuestos a dosis peligrosas de radiación

Sergio García, 22 febrero 2019

Según informa Arizona Republic, los turistas que hayan visitado el Edificio de Exposiciones 2C del Museo del Gran Cañón desde el año 2000 hasta agosto de 2018 han estado expuestos a radiaciones muy superiores a las consideradas seguras.

El escándalo ha salido a la luz debido a que el gerente de seguridad y salud de las instalaciones, Elston Stephenson, comenzó a pedir a sus superiores del Servicio de Parques Nacionales y del Departamento del Interior que advirtieran a los trabajadores y a los turistas de que era posible que hubiesen estado expuestos a niveles peligrosos de radiación. Sin embargo, sus superiores intentaron encubrir lo ocurrido.

El pasado 4 de febrero de 2019 Stephenson empezó a enviar el siguiente correo a todo el personal del parque del Gran Cañón.

“Si has estado en el Edificio de Colecciones del Museo (Edificio 2C) entre el año 2000 y el 18 de junio de 2018, has sido ‘expuesto’ a uranio según la definición de la OSHA”. La OSHA es la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos.

Stephenson estima que durante estas casi dos décadas entre 14.400 y 18.000 personas, incluidos empleados y turistas, habrían sido expuestos a niveles muy altos de radiación. En concreto, en los adultos la exposición podría ser 400 veces superior a los límites seguros, mientras que en los niños se habría sobrepasado hasta en 4.000 veces.

Mi especial preocupación son los miles de niños que asisten a las charlas muy cerca del uranio. - Elston Stephenson

Se desconoce si las personas que no accedieron al edificio 2C han recibido dosis de radiación importantes. Hay que recordar que son millones de personas las que visitan todos los años el complejo del Gran Cañón.

En la actualidad, el edificio ha sido limpiado y presenta solo radiación de fondo, lo cual es normal y no supone ningún peligro para el público

Stephenson añade en el correo: “Por favor, comprende que esto no significa que estés de alguna manera contaminado, o que vayas a tener problemas de salud. Simplemente significa que había uranio en el lugar y que tú estabas en su presencia. … Y por ley se supone que debemos decírtelo”.


La contaminación provenía de unas muestras de unas rocas que contenían uranio y que se encontraban almacenadas en tres cubos de pintura antiguos, de hecho, uno de los cubos estaba tan lleno que la tapa no llegaba ni a cerrar.

Dichas rocas de uranio habían estado en un sótano de la sede del parque durante décadas y fueron trasladadas al edificio del museo cuando éste abrió sus puertas, alrededor del año 2000.

Stephenson dijo que los cubos estaban junto a una exhibición de taxidermia, donde se hacían presentaciones a las que asistían muchos colegios. Según sus cálculos, esos niños podrían haber recibido dosis de radiación superiores al límite legal en unos 3 segundos, pero las charlas duraban 30 minutos o más.

La limpieza se realizó con unos medios precarios

El traslado y la limpieza se realizaron con unos simples guantes de limpieza y una fregona.


Quizás lo más loable de esta historia son los intentos de Stephenson por informar a los afectados de lo ocurrido. Presentó una queja al Inspector General, se puso en contacto con el FBI y escribió a todos los miembros del Congreso, pero nada dio sus frutos hasta que mandó el famoso correo electrónico.

Stephenson hizo hincapié en que la exposición podría no ser grave dependiendo de la cercanía de los individuos a la fuente, el tiempo que estuvieron expuestos, lo que llevaban puesto y otros factores. También enfatizó que los empleados no tienen por qué sufrir consecuencias para su salud, pero que sí que deben someterse a un examen médico.

Stephenson dice que aún no ha recibido noticias de los superiores del Servicio de Parques, “están en modo encubrimiento” -dijo.

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