Según un análisis de los analistas de Fubon, Google planea fabricar entre 12 y 15 millones de TPU de novena generación para 2028. Y esa cifra tiene mucha más miga de la que parece a primera vista.
Los TPU (Tensor Processing Units) son los chips que Google diseña por su cuenta desde hace años para entrenar y ejecutar modelos de IA. No los vende: los usa. Hasta ahora eran una pieza más de su infraestructura; con estos volúmenes pasan a ser otra cosa.
La comparación que lo pone en contexto: los mismos analistas calculan que Nvidia suministró 8,2 millones de GPU de centro de datos en 2026 y estiman que podría llegar a 12,4 millones en 2028.
Es decir: Google fabricando para sí misma tanto silicio de IA como Nvidia vende al mundo entero.
El detalle que casi nadie ha mirado: quién los fabrica
Google diseña los TPU, pero no tiene fábricas. Y aquí es donde la noticia se vuelve realmente interesante, porque el plan más que duplica las necesidades de capacidad respecto a 2027.
Un volumen así tiene una consecuencia inmediata: TSMC no da abasto. La fundición taiwanesa fabrica prácticamente todo el silicio avanzado del mundo, y no hay hueco para absorber sola semejante pedido.
Por eso ha entrado Intel Foundry, que según estos análisis ya tiene pedidos para producir millones de TPU después de que Google probara sus capacidades de encapsulado avanzado. Para el negocio de fundición de Intel —que lleva años intentando demostrar que puede competir— un cliente de este tamaño es exactamente lo que necesitaba.
Y una decisión que ata las manos
Hay un matiz técnico con consecuencias serias: los diseños de encapsulado que usan la tecnología EMIB de Intel no son compatibles con CoWoS-L de TSMC.
Traducido: no es como encargar la misma pieza a dos proveedores y repartir según quién vaya más rápido. Cada chip nace atado a la tecnología de encapsulado de su fábrica, así que Google tiene que decidir de antemano qué parte del volumen va a cada una, sin posibilidad de mover la producción si una se retrasa.
El chip en sí, el TPU v9, llevará cuatro dies de cómputo — de ahí que el encapsulado sea justo la parte crítica de todo el asunto.
Por qué esto le importa a alguien que no compra centros de datos.
Durante tres años, el cuello de botella de la IA ha sido conseguir GPU de Nvidia, y eso ha marcado los precios de todo lo que se construye encima. Que el mayor comprador potencial del mercado se fabrique las suyas cambia esa ecuación por dos vías: reduce la presión sobre el suministro de Nvidia y le quita a Google la dependencia de un único proveedor con capacidad de fijar precios.
También conviene mantener la cabeza fría: son estimaciones de analistas, no un anuncio oficial de Google, y a dos años vista los planes de capacidad se mueven mucho. Pero la dirección —cada gigante haciéndose su propio silicio— lleva ya bastantes señales acumuladas.











