Empecemos por las cifras, porque resultan difíciles de creer. La GeForce RTX 5090 se lanzó con un precio recomendado de 1.999 dólares, lo que en España suponía tarjetas desde unos 2.300-2.600 euros con IVA.
Actualmente, en agosto de 2026, la mayoría de los modelos rondan los 4.000-4.500 euros, mientras que las versiones ensambladas premium se acercan a los 5.000. En Estados Unidos, se han visto listados en Amazon por encima de los 4.300 dólares.
En resumen: la misma tarjeta, sin cambiar una sola pieza, cuesta cerca del doble que el día que salió. No es que se haya encarecido: es que algo se ha roto.
La explicación que más se escucha es “la culpa es de la IA”. No es mentira, pero es tan vaga que no explica nada. La IA no compra tarjetas gráficas para jugar. Hay que entender por qué canal concreto llega esa presión hasta el precio de una tarjeta de escritorio y resulta que hay al menos seis, con pesos muy distintos.
Uno de ellos pesa tanto como todos los demás juntos y probablemente no es el que tienes en mente: no es que la IA compre 5090, es que la IA se está comiendo la memoria.
Vamos uno por uno.
1. La memoria: el motivo que vale por todos los demás
Si te quedas con un solo capítulo, que sea este. Entre el 60 y el 80 % de la subida se explica aquí.
La RTX 5090 incorpora 32 GB de GDDR7, algo que en su momento fue una de sus mayores ventajas. Actualmente es su principal lastre económico, ya que el precio de dicha memoria ha experimentado un comportamiento sin precedentes.
Los números
A mediados de 2025, un módulo de 16 GB de GDDR7 costaba a los fabricantes de tarjetas entre 65 y 80 dólares. A finales de ese mismo año, el precio ya superaba los 200 dólares. Esto ocurrió de forma repentina, cuando vencieron los contratos de suministro a largo plazo y las marcas se vieron obligadas a comprar en el mercado spot, donde los precios fluctúan sin restricciones.
Esta es la consecuencia para la 5090, que monta el doble de esa cantidad: se estima que solo la VRAM representa unos 820 dólares del precio de venta actual de la tarjeta. En algunas gráficas de gama alta, la memoria ya supone más del 80 % de la lista de materiales.
Léelo de nuevo, porque es demencial: en una tarjeta gráfica, el chip gráfico ya no es lo caro.

Por qué ha pasado esto
Y aquí está el mecanismo real, que es donde casi todo el mundo se queda corto.
Samsung, SK Hynix y Micron fabrican más del 95 % de la DRAM mundial. Además, las mismas líneas de producción que fabrican la GDDR7 de tu tarjeta gráfica producen la HBM, la memoria de altísimo ancho de banda que va soldada a los aceleradores de IA para centros de datos.
La HBM se vende con márgenes muchísimo más altos. Por ello, los tres fabricantes han hecho lo que haría cualquiera: reorientar la capacidad. Se calcula que han desplazado aproximadamente el 93 % de su producción combinada hacia HBM, dejando solo una fracción para el resto: tu portátil, tu móvil, tu consola y tu tarjeta gráfica.
Los precios de contrato de DRAM para PC subieron entre un 105 y un 110 % en un solo trimestre a principios de 2026. Se trata de la mayor subida trimestral registrada. Y volvieron a subir otro 58-63 % el trimestre siguiente.
Este es el matiz que lo cambia todo: la IA no encarece tu tarjeta gráfica porque compre tarjetas gráficas, sino porque compite contigo por la misma memoria y paga mucho más.
Por ello, el incremento no afecta únicamente a las gráficas: también está encareciendo simultáneamente la RAM de los PC, los SSD, los móviles y las consolas. En el caso de los móviles, ya se ha alcanzado el punto en que la memoria supera el 50 % del coste del aparato.
Y el dato que más miedo da: la capacidad de HBM para 2026 está vendida por completo y SK Hynix ha advertido de que la escasez podría prolongarse más allá de 2030. Construir una fábrica de memoria lleva años, no meses.
2. Para NVIDIA, tú ya no eres el cliente
Esta razón no es técnica, sino de incentivos, y explica por qué nadie está haciendo nada para solucionarlo.
Echa un vistazo al reparto de ingresos de NVIDIA en su tercer trimestre fiscal de 2026:
- Centros de datos: 51.200 millones de dólares.
- Gaming: 4.300 millones.
- Total: 57.000 millones.
El negocio de las tarjetas para jugar representa el 9 % de la empresa. En el ejercicio completo, los centros de datos facturaron 193.700 millones frente a los 16.000 millones del gaming.
Ponte en la silla del que decide. Tienes una capacidad de fabricación limitada y dos clientes: uno que representa el 88 % de tus ingresos, crece un 66 % anual y no discute el precio; y otro que representa el 9 %, se queja en foros y compara precios durante tres semanas antes de comprar.
No hay ninguna decisión difícil ahí. Y no hace falta suponer mala fe: es aritmética.
Y encima NVIDIA ha subido sus propios precios
No es solo cuestión del mercado. Alrededor del 13 de mayo de 2026, NVIDIA informó a sus ensambladores de una subida estimada de 300 dólares en los kits de la 5090 y la 5090D V2, alegando el coste de la GDDR7.
Es importante entender cómo funciona este proceso, ya que es la parte que suele pasar desapercibida: NVIDIA no vende únicamente el chip, sino un kit que incluye la GPU y la memoria. Los ensambladores —ASUS, MSI, Gigabyte— adquieren ese paquete y le añaden la placa, el disipador y los ventiladores. Por tanto, cuando NVIDIA sube el precio del kit, el incremento se traslada íntegro al precio final, y el ensamblador no puede hacer nada para absorberlo.
Y no ha ocurrido solo con la gama alta: NVIDIA ha encarecido los kits de toda la línea GeForce.
Un precedente que conviene tener en la cabeza. En este sector ya se ha admitido abiertamente la estrategia de restringir el suministro para sostener los precios: lo contamos cuando AMD reconoció hacerlo con sus CPU y GPU.
No digo que sea lo que ocurre hoy con la 5090 —actualmente la escasez de memoria es real y verificable—. Pero cuando un fabricante posee el 90 % de un mercado y su cliente principal es otro, no necesita restringir nada a propósito para que el resultado sea el mismo.
3. La 5090 dejó de ser una tarjeta para jugar
Aquí tienes el motivo menos conocido, y es una historia extraordinaria.
Esos 32 GB de memoria que encarecen la tarjeta son, al mismo tiempo, lo que la ha transformado en algo distinto. Para ejecutar modelos de inteligencia artificial en local, la cantidad de memoria manda sobre casi todo lo demás: un modelo cabe o no cabe. Además, disponer de 32 GB en una tarjeta de consumo por 4.000 euros sigue siendo mucho más barato que adquirir un acelerador profesional, que cuesta cinco o diez veces más.
El resultado es que la 5090 cuenta con un segundo mercado de compradores que no juegan, que se basan en criterios de valoración distintos y que son mucho menos sensibles al precio que un jugador. Si la tarjeta te permite amortizar un trabajo, 4.000 euros representan una inversión; si la usas para jugar, es una barbaridad.
Y luego está lo de China
Esta parte parece un guion de película.
La 5090 cae bajo los controles de exportación estadounidenses debido a su capacidad de cálculo para IA. Para responder a esto, NVIDIA creó versiones capadas para el mercado chino: la 5090D y, posteriormente, la 5090D V2, las cuales cuentan con menos prestaciones de IA.
Esto no funcionó por un motivo de manual: las versiones capadas salieron a precios parecidos a la original. Si pagas casi lo mismo por menos, nadie que tenga la intención de usarla para IA la quiere.
De ahí surgió el mercado gris. Se han fotografiado palés enteros de 5090 originales almacenados dentro de China a pesar de estar prohibidas oficialmente; se trata de un volumen que no se explica por la reventa suelta, sino por una importación paralela organizada. Además, hay técnicos chinos que están convirtiendo tarjetas GeForce en aceleradores de IA de forma industrial: las desmontan, las vuelven a montar en formatos de servidor y las apilan.
El giro final ocurrió el 15 de mayo de 2026 y fue el más inesperado: la aduana china empezó a bloquear la entrada de la 5090D V2. Esto significa que la tarjeta que NVIDIA diseñó específicamente para cumplir con Washington acabó vetada también por Pekín, que prefiere impulsar a sus fabricantes nacionales.
Qué tiene que ver todo esto con lo que pagas tú. Que cada 5090 que termina convertida en acelerador en un rack chino es una tarjeta que no llega a una tienda europea, y que además ha sido comprada por alguien dispuesto a pagar más que tú.
Se trata de la misma dinámica que vivimos con la minería de criptomonedas, cuando unas 700.000 gráficas de un solo trimestre acabaron en manos de mineros.
Hay una diferencia incómoda: el criptoboom se desplomó y las tarjetas volvieron al mercado. En el caso de la IA no se vislumbra un desplome equivalente. La demanda es estructural, los compradores no se fijan en el precio y la respuesta de la oferta se mide en los años que lleva construir fábricas.
4, 5 y 6: nadie compite arriba, y todo lo demás también suma
| Factor | Peso | Qué está pasando |
| 1. Coste de la memoria | Muy alto | La GDDR7 se ha triplicado; la VRAM ya es más del 80 % del coste de materiales |
| 2. Incentivos de NVIDIA | Alto | El gaming es el 9 % de sus ingresos; ha subido los kits unos 300 dólares |
| 3. Demanda de IA por la tarjeta | Alto | 32 GB la hacen atractiva para IA local; compradores insensibles al precio |
| 4. Falta de competencia | Medio | AMD no tiene rival para la 5090; el precio lo fija la demanda |
| 5. Impuestos; aranceles y cambio | Medio | El IVA del 21 % multiplica la subida en vez de amortiguarla |
| 6. Acaparamiento y reventa | Bajo | La expectativa de subida genera compras anticipadas y especulación |
4. Arriba no hay competencia
Este factor es discreto pero muy potente. AMD no tiene nada que enfrentar a la 5090. Su gama alta actual compite en el terreno de la 5070 Ti y la 5080, donde, por cierto, ofrece una relación calidad-precio muy buena, pero en el escalón más alto NVIDIA está sola, y su respuesta a la 5090 lleva tiempo anunciada sin llegar.
Un monopolio de hecho en la cima significa que el precio no lo fija el coste ni la competencia: lo fija lo que el comprador esté dispuesto a pagar. Y, como vimos en el capítulo anterior, ahora hay compradores dispuestos a pagar mucho.
Intel tampoco compite en ese nivel. Nadie va a obligar a NVIDIA a reducir el precio de la 5090 en 2026.
5. Todo lo que se añade entre la fábrica y tu casa
Aquí van varios efectos pequeños que, sumados, se notan:
- El IVA. En España, el 21 % se aplica sobre un precio base ya inflado. Cuando la base sube 1.000 euros, tú pagas 1.210 más. El impuesto multiplica la subida en vez de amortiguarla.
- Los aranceles sobre componentes electrónicos, que encarecen la importación y acaban repercutidos.
- El tipo de cambio euro-dólar, que puede añadir o quitar un margen apreciable según el momento.
- Los modelos personalizados. Buena parte de lo que ves en tienda no son modelos de referencia sino ensamblados premium con disipadores enormes y refrigeración líquida, con su propio sobreprecio encima de todo lo anterior.
6. La escasez se retroalimenta
Y el último factor es el comportamiento. Cuando corre la voz de que algo va a subir, la gente compra antes de necesitarlo, los distribuidores acumulan existencias y los revendedores empiezan a especular. Esto añade una demanda artificial que empuja el precio todavía más arriba.
También se ha hablado de los lanzamientos sobre el papel: modelos que se anuncian con un precio recomendado, pero que en la práctica no se encuentran a ese precio en ningún sitio. El precio oficial existe, pero sirve de poco si no hay unidades.
¿Y esto cuándo baja? Qué hacer mientras tanto
Llega la pregunta del millón, y la respuesta corta es que no pronto.
Por qué no va a bajar en meses
El cuello de botella es la memoria, y la memoria no se arregla con voluntad, se arregla con fábricas. Construir una planta de DRAM nueva requiere varios años y una inversión de miles de millones. Los tres fabricantes están construyendo, pero ese material llega después, no ahora.
Mientras tanto, la HBM de 2026 está totalmente vendida y SK Hynix habla de tensión más allá de 2030.
Existe una señal que merece la pena seguir: los precios de la memoria han empezado a moderar su ritmo de subida. Esto no ocurre porque haya más oferta, sino porque el mercado de consumo ha alcanzado su límite de lo que puede pagar. Cuando la gente sencillamente deja de comprar, el precio deja de poder subir. Eso frena la escalada, pero no la revierte.
Qué haría yo ahora mismo
No comprar una 5090. Es el peor momento posible: es el modelo de la gama con más memoria y, por tanto, el más castigado precisamente por el factor que está inflando los precios.
Mirar la gama media y media-alta. Una tarjeta con 12 o 16 GB se ve mucho menos afectada por este problema en términos absolutos y es más que suficiente para jugar en 1440p, que es la resolución que usa casi todo el mundo. Además, en ese segmento AMD compite de verdad, y donde hay competencia los precios son más sanos.
Considerar la generación anterior. Con los precios actuales, una tarjeta de la serie anterior de segunda mano tiene más sentido que nunca.
Esperar, si puedes. Es un consejo aburrido, pero si tu equipo actual funciona, este no es el año.
Y si la necesitas para trabajar, haz los cálculos de otra forma. Si la tarjeta es tu fuente de ingresos, la cuenta cambia totalmente —y es precisamente por eso que el precio está donde está.
Lo que de verdad deja este episodio, más allá de la 5090:
Durante veinte años, los componentes de PC siguieron una regla cómoda: cada generación ofrecía más por el mismo dinero. Esa regla se ha roto, y no por un problema puntual de fabricación, sino porque ha aparecido un comprador —los centros de datos de IA— que quiere los mismos materiales que tú y puede pagar mucho más.
Esto no ocurre solo con las tarjetas gráficas. También está pasando con la RAM, los SSD, los móviles y, por otros motivos, con materiales como el galio. El patrón es siempre el mismo: cuando la industria y el consumo compiten por lo mismo, el consumo pierde.
El contexto general de todo esto lo repasamos en la escasez mundial de chips.











