“El efecto chimenea” es una de esas expresiones que aparecen cada vez que alguien discute el diseño de una caja de PC: que si el aire caliente sube solo, que si una caja alta tira mejor, que si colocando bien las rejillas te ahorras ventiladores.
El overclocker alemán der8auer ha decidido comprobarlo de la forma más directa posible: quitando los ventiladores y viendo hasta dónde llega el tiro natural. Fue apilando secciones de chimenea impresas en 3D sobre un radiador y midiendo qué pasaba.
El resultado tiene dos caras, y las dos son interesantes.
La primera: funciona, y de forma espectacular. Con una torre de 110 centímetros encima del radiador, un Ryzen 7 9800X3D pasó de más de 90 °C a 71 °C. Diecinueve grados. Sin un solo ventilador girando.
La segunda: 110 centímetros. Es decir, más de un metro de tubo vertical asomando por encima del equipo. Y ahí está la moraleja real del experimento, que no es la que sugiere el titular.
Lo interesante no es el truco, es el número que explica por qué el truco no escala. Vamos con él.
El experimento: apilar chimenea hasta que pasara algo
El montaje es deliberadamente simple para que no haya nada que discutir. Un Ryzen 7 9800X3D con un circuito de refrigeración líquida personalizado, limitado a 100 vatios constantes para que la carga térmica no varíe. Un radiador de 240 mm sin ningún ventilador, elevado sobre el banco de pruebas para que pueda entrar aire por debajo.
Y encima, secciones de chimenea impresas en PLA que se van apilando.
| Altura de la chimenea | Temperatura del agua | Temperatura de la CPU |
| Sin chimenea (radiador desnudo) | 61,5 °C | más de 90 °C |
| 10 cm | 61 °C | ~89,5 °C |
| 30 cm (dos secciones) | ~56 °C | — |
| 110 cm (cuatro secciones) | 50 °C | 71 °C |
Lo llamativo es la forma de la curva. Los primeros 10 centímetros no hacen prácticamente nada: medio grado. A los 30 centímetros ya se ganan unos cinco grados. Y es a partir de ahí, cuando la cosa empieza a tener una altura ridícula, cuando los números se disparan.
Con las cuatro secciones montadas —110 centímetros en total— el agua bajó de 61,5 °C a 50 °C y la CPU se plantó en 71 °C. Para hacerlo visible, der8auer usó una máquina de humo: con el radiador desnudo, la niebla ni siquiera atravesaba las aletas; con la torre montada, se veía el aire siendo succionado hacia arriba a través del radiador, exactamente igual que si hubiera ventiladores soplando.
Ojo al dato de partida: el radiador desnudo, sin ventiladores y sin chimenea, dejaba la CPU por encima de 90 °C con solo 100 W de carga.
Un radiador de 240 mm con un par de ventiladores normales disipa 100 W sin despeinarse, con la CPU en la franja de los 50-60 °C. Es decir, que el punto de partida del experimento es un sistema deliberadamente estrangulado, y los 19 °C de mejora se miden contra ese desastre, no contra un equipo bien montado.
La física: por qué la altura lo es todo y por qué una caja no tiene ninguna
El efecto chimenea —o efecto de tiro, que es como se llama en ventilación— no es magia ni marketing. Es lo que hace funcionar a las chimeneas de verdad desde hace siglos.
El mecanismo: el aire caliente es menos denso que el frío. Si lo encierras en un conducto vertical, la columna de aire caliente pesa menos que la columna de aire frío de fuera a la misma altura, y esa diferencia de peso genera una diferencia de presión que empuja el aire hacia arriba. Al subir, arrastra aire nuevo por abajo.
La diferencia de presión se calcula así:
Δp = (densidad exterior − densidad interior) × gravedad × altura
Y ahí está toda la explicación del experimento. La densidad depende de la temperatura, y sobre eso tienes poco margen: no puedes calentar el aire de dentro mucho más sin cocer los componentes. El único factor que puedes multiplicar libremente es la altura. Por eso los primeros 10 centímetros no hacían nada y el metro entero sí.
El número que lo condena todo
Aquí es donde der8auer hace el cálculo que remata el asunto. Una caja de PC normal, de unos 55 centímetros de alto, genera por efecto chimenea una diferencia de presión de aproximadamente:
0,4 pascales.
Su propia comparación: es la presión que hay bajo una capa de agua de cuatro centésimas de milímetro de profundidad. Prácticamente nada.
Para que se entienda la escala, el dato que falta en casi todas las coberturas: un ventilador de caja corriente de 120 mm genera del orden de 15 pascales de presión estática, y los modelos de alta presión pensados para radiadores llegan a 30 pascales o más.
O sea que el ventilador más vulgar que puedas comprar mueve el aire con unas cuarenta veces más fuerza que el efecto chimenea de toda tu caja. Y ocupa 25 milímetros.
Por eso ni siquiera la torre de 110 cm es tan impresionante como parece. Aun con más de un metro de altura, el tiro natural sigue por debajo de 1 pascal.
Lo que demuestra el experimento no es que el efecto chimenea sea potente, sino lo poco que necesita un radiador sin ventiladores para pasar de estar ahogado a funcionar. La mejora de 19 °C no viene de haber generado mucha presión: viene de haber pasado de cero flujo de aire a un poco de flujo de aire.
Ese primer tramo de la curva es donde están todas las ganancias. A partir de ahí, con un ventilador te sobra.
Lo que sí te puedes llevar a casa
La conclusión del propio der8auer es que “los ventiladores siguen siendo la opción sensata”, porque consiguen la misma diferencia de presión sin exigirte un metro de espacio libre por encima del escritorio. Cuesta discutirlo.
Pero el experimento deja dos ideas aprovechables:
- No obstruyas la entrada de aire por abajo ni la salida por arriba. El tiro natural aporta poco, pero es gratis y siempre suma. Un equipo pegado a una pared o con la parte inferior tapada por una moqueta está renunciando incluso a eso.
- La convección natural sostiene un sistema pasivo bien dimensionado. Si alguna vez has visto un PC sin ventiladores funcionando, no era brujería: era esto, con disipadores enormes que compensan lo poquísimo que empuja el aire caliente por sí solo.
Lo que no vas a conseguir es que la forma de tu caja sustituya a un ventilador de ocho euros.











