Un robo en un piso rara vez se parece a una película. No hay ganzúas ni guantes de seda: hay una palanca, treinta segundos de ruido y una puerta que cede por donde nadie mira. Esto es lo que de verdad sube el listón, y lo que solo sirve para gastar dinero.
En 2025 se denunciaron en España 74.353 robos con fuerza en domicilios, según el balance de criminalidad del Ministerio del Interior. Son unos 204 al día, y la buena noticia es que la cifra baja: un 8,3 % menos que los 81.094 de 2024.
La mala es que las estadísticas consuelan poco cuando la puerta que han reventado es la tuya.
Conviene empezar por la idea que ordena todo lo demás, porque casi ningún consejo tiene sentido sin ella: para quien entra a robar, esto es una operación contra el reloj. No busca la casa mejor; busca la más rápida. Un estudio de la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte que entrevistó a 422 ladrones condenados encontró que el 83 % comprobaba si había alarma antes de intentar nada y que el 60 % cambiaba de objetivo si la encontraba. No les frena la moral: les frena el tiempo, el ruido y la posibilidad de que alguien los vea.
Todo lo que viene a continuación es una forma u otra de comprar esos tres recursos.
Lo esencial de un vistazo
- El punto débil casi nunca es la hoja de la puerta, sino el cerco, el cerradero y el bombín. Blindar la hoja y dejar el marco original es el error más caro y más común.
- El bombín antibumping protege de una cosa y la palanca es otra. Cada ataque tiene su defensa: gastar en la equivocada no suma seguridad, solo factura.
- Cerrar con llave siempre, también estando en casa. Es gratis y anula por completo el método del resbalón, el de la tarjeta de plástico.
- El gadget que más aporta no es la cámara, es el sensor de vibración: avisa mientras todavía están fuera trabajando la puerta, no cuando ya han entrado.
- Una alarma sin cuota avisa a tu móvil y hace ruido; no avisa a la policía. Por ley, ese aviso solo puede darlo una central receptora autorizada tras verificar la intrusión.
- Una cámara propia no puede grabar el rellano ni la calle, y necesita cartel de zona videovigilada. Las multas de la Agencia Española de Protección de Datos por saltárselo van de unos cientos a varios miles de euros.
- Si ya ha pasado: no entres, denuncia, fotografía los daños, no tires la puerta rota y avisa a la aseguradora dentro de los siete días que fija la Ley de Contrato de Seguro.
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Por dónde entran de verdad
Antes de comprar nada conviene saber contra qué se está comprando, porque las defensas no son intercambiables. Un bombín excelente no hace nada frente a una palanca, y un cerco de acero no impide que alguien abra la cerradura sin dejar marca.
Estos son los cinco caminos habituales.
La palanca: la que revienta la puerta
Es la más frecuente en pisos y la más brutal. Se mete una pata de cabra o un destornillador grande entre la hoja y el marco, a la altura de la cerradura, y se hace palanca hasta que algo cede.
Lo interesante es qué cede. Casi nunca la hoja de la puerta, y casi nunca el bombín: lo que revienta es el cerco de madera y el cerradero, esa chapita atornillada al marco donde entra el pestillo. Un par de tornillos cortos contra una palanca de setenta centímetros hacen exactamente lo que uno se imagina.
Deja destrozos evidentes, hace ruido y es rápida. Por eso se usa donde el ruido no importa demasiado: escaleras vacías a media mañana, urbanizaciones sin nadie en agosto, portales sin vecinos jubilados.
El bumping: la que no deja marca
Se introduce una llave modificada en el bombín y se golpea suavemente mientras se hace fuerza de giro. El golpe hace saltar los pitones y el cilindro gira. Es silencioso, rápido y no deja rastro exterior, lo que además complica el parte del seguro.
Es un método viejo que sigue funcionando porque el parque de cerraduras español es antiguo. La Unión de Cerrajeros de Seguridad calcula que alrededor del 80 % de los bombines clásicos instalados en España son vulnerables. En mayo de 2025 la Guardia Civil desarticuló en la Comunidad Valenciana una banda que había cometido 110 robos en viviendas con esta técnica.
El resbalón: la que se anula gratis
El resbalón es el pestillo con forma de chaflán que mantiene la puerta cerrada cuando no se ha dado la vuelta de llave. Basta con deslizar una lámina semirrígida —una radiografía, una tarjeta— entre hoja y marco para empujarlo y abrir.
Aquí está la mejor noticia de todo el artículo: este método deja de existir en el momento en que se cierra con llave. Cero euros. Y sin embargo mucha gente echa solo el resbalón cuando está en casa o cuando baja un momento a por el pan.
La rotura del cilindro: la que ataca al bombín
Si el bombín sobresale unos milímetros de la puerta, se puede agarrar con unas tenazas y partirlo o extraerlo entero. Con el cilindro fuera, el mecanismo queda a la vista. Es rápido y sorprendentemente silencioso.
Lo que lo frena no es la calidad de la llave, sino que no haya nada que agarrar: un escudo protector bien puesto y un bombín ajustado a la medida de la puerta.
La ventana y el balcón
En chalets, bajos y primeros pisos, la puerta a menudo no es ni el camino más fácil ni el elegido.
Aquí hay que ser honestos con los datos, porque circulan cifras contradictorias y casi todas proceden de empresas que venden algo. Se lee tanto que «8 de cada 10 robos entran por la puerta principal» como que la ventana es la vía preferida en el 57 % de los casos. Las dos pueden ser ciertas a la vez, porque miden parques de vivienda distintos: en un cuarto piso no hay más entrada que la puerta, y en un chalet con jardín la ventana del salón es infinitamente más discreta. La conclusión práctica no es quedarse con un porcentaje, sino mirar la propia casa y preguntarse por dónde entraría uno mismo si se hubiera dejado las llaves dentro.
| Método | Qué ataca | Rastro que deja | Qué lo frena |
| Palanca | El cerco y el cerradero | Marco astillado y puerta descuadrada | Cerradero largo anclado a la obra, pernios antipalanca y cerco de acero |
| Bumping | El bombín | Ninguno visible | Bombín antibumping certificado |
| Resbalón | El pestillo sin llave | Ninguno visible | Cerrar con llave (gratis) |
| Rotura del cilindro | El bombín que sobresale | Bombín partido o ausente | Escudo protector y bombín a medida |
| Taladro | El bombín y la cerradura | Agujeros en el bombín | Bombín con pitones antitaladro |
| Ventana o balcón | El acristalamiento y la persiana | Cristal roto o persiana forzada | Cierres de seguridad, láminas antirrotura y sensores |
El error caro. Cambiar el bombín por uno de alta seguridad cuando la puerta se abrió a palanca es gastar dinero en la cerradura equivocada. El bombín no falló: falló el marco. Antes de comprar nada, mira dónde están los daños.
La puerta, donde el dinero cunde o se pierde
Una puerta de entrada no es un objeto, es una cadena de seis piezas: la hoja, el cerco que la rodea, la cerradura, el bombín, el cerradero donde encajan los pestillos y los pernios sobre los que gira. Un ladrón no ataca la puerta: ataca el eslabón más débil de esa cadena, y lo tiene identificado en dos segundos.
De ahí que la pregunta útil no sea «¿es buena mi puerta?» sino «¿cuál de las seis piezas es la peor?».

Blindada y acorazada no son sinónimos
Es la confusión más extendida y la que más dinero mal invertido explica.
Una puerta blindada es una puerta normal —de madera, casi siempre— a la que se le ha añadido una o dos chapas de acero por dentro. Refuerza la hoja. El cerco suele seguir siendo el de madera de toda la vida.
Una puerta acorazada es otra cosa: un bloque de acero que incluye su propio marco metálico, anclado a la obra, con pestillos gruesos en varios lados y bisagras protegidas. No se refuerza la puerta: se sustituye el conjunto entero.
La diferencia importa exactamente por lo que vimos antes. Frente a una palanca en la jamba, la chapa de acero de una blindada no interviene para nada: el ataque va al punto donde la madera se astilla. Es como poner un candado excelente en una valla de alambre.
El sello que sí significa algo
La norma europea UNE-EN 1627 clasifica puertas y ventanas por lo que aguantan frente a un ataque real, con herramientas y tiempos definidos en laboratorio. Es el único número comparable entre fabricantes, y por eso conviene pedirlo por escrito.
| Clase | Tiempo que aguanta | Herramientas del ensayo | Perfil del atacante |
| RC1 | Sin tiempo definido | Fuerza física (patadas y empujones) | Oportunista que prueba suerte |
| RC2 | 3 minutos | Destornilladores, alicates y cuñas | Ocasional con herramienta básica |
| RC3 | 5 minutos | Lo anterior más palanca y martillo | Ladrón habitual con algo de oficio |
| RC4 | 10 minutos | Maza, hacha, cinceles y taladro a batería | Ladrón con práctica al que el ruido le preocupa poco |
| RC5 | 15 minutos | Herramienta eléctrica y radial de 125 mm | Profesional organizado |
| RC6 | 20 minutos | Pico y radial de 230 mm | Profesional que espera un botín alto |
Para una vivienda, lo razonable es RC2 o RC3. RC4 en adelante entra en territorio de joyerías y armeros: sube mucho el precio y protege de un perfil de atacante que no es el que revienta pisos un martes por la mañana.
Fíjate en lo modestos que son los números. RC3 significa cinco minutos. No suena a nada, y sin embargo es muchísimo: cinco minutos de palanca haciendo ruido en una escalera es justo el tipo de plazo por el que un ladrón decide que esa puerta no le compensa.
Qué hacer sin cambiar la puerta
Sustituir la puerta entera cuesta, orientativamente, entre unos 700 y 2.500 euros instalada según el modelo, el grado y la zona. No siempre hace falta. Estas intervenciones son mucho más baratas y atacan justamente los eslabones débiles:
- Cerradero de seguridad, largo y anclado a la obra en lugar de al marco. Es, en relación calidad-precio, el mejor refuerzo que existe contra la palanca, y el que casi nadie pide.
- Escudo protector del bombín. Impide agarrarlo, taladrarlo y extraerlo. Va con el siguiente punto.
- Bombín antibumping y antitaladro, a la medida exacta de la puerta para que no sobresalga. Bombín más escudo, con instalación, suele moverse entre 80 y 200 euros.
- Pernios antipalanca: unos pivotes fijos en el canto de las bisagras que, con la puerta cerrada, encajan en el marco. Si atacan por el lado de las bisagras, la puerta no sale.
- Cerrojo supletorio en la parte alta o baja de la hoja. Multiplica los puntos que hay que vencer y reparte el esfuerzo lejos de la cerradura principal.
- Cerradura invisible, sin bocallave por fuera: se abre con un mando o una llave magnética. Contra el bumping y el ganzuado es definitiva, porque no hay nada que manipular. Contra una palanca sigue dependiendo del cerco.
Una prueba de treinta segundos. Abre la puerta y mira el cerradero: si la chapa donde entra el pestillo está sujeta con un par de tornillos cortos a un marco de madera, ahí está tu eslabón débil, tengas la puerta que tengas. Mira también cuánto sobresale el bombín por fuera; si sobresale más de dos o tres milímetros, se puede agarrar.
Los gadgets que avisan a tiempo
Aquí conviene bajar las expectativas antes de gastar: ningún aparato sujeta una puerta. Lo que hacen los gadgets es otra cosa, y es valiosa: convierten un robo silencioso en un robo con testigos, con prisa y con grabación. Devuelven información y quitan tiempo, que es justo la moneda de cambio del capítulo anterior.
Ordenados por lo que aportan de verdad, no por lo que cuestan.
El sensor de vibración, el gadget infravalorado
Un sensor de apertura convencional —dos piezas magnéticas, una en la hoja y otra en el marco— avisa cuando la puerta ya se ha abierto. Sirve, pero llega tarde.
Un sensor de vibración pegado a la cara interior de la puerta detecta los golpes y los tirones de la palanca: salta mientras el ladrón sigue fuera, en el minuto uno de esos cinco. Ese aviso anticipado es lo que permite llamar al 112 antes de que la puerta ceda, y no media hora después.
Cuestan poco —entre 15 y 30 euros un sensor Zigbee tipo Aqara o Sonoff, más el puente de la marca si no se tiene— y ese es exactamente el motivo por el que casi nadie los pone: no se venden en el mismo pack que el resto.
Un detalle práctico: conviene que no sean demasiado sensibles. Un sensor que salta con el portazo del vecino se acaba desactivando, y un sensor desactivado no protege de nada.
La sirena interior
Barata y muy eficaz. Cien decibelios dentro de un piso pequeño hacen la estancia insoportable y, sobre todo, hacen que todo el edificio mire hacia esa puerta. Vale igual conectada a un kit de alarma que gobernada por el sensor de vibración anterior.
La alarma, con o sin cuota
Un kit de alarma agrupa lo anterior con central, teclado, detectores de movimiento y batería de reserva. La decisión relevante no es la marca, es con cuota o sin ella, y las dos son opciones legítimas.
- Sin cuota (Ajax, Ring y compañía): se compra una vez y funciona sola. Las alertas llegan al móvil por la aplicación, la sirena suena y la batería aguanta un corte de luz. Los kits para un piso arrancan alrededor de 200 a 400 euros. Lo que no hace es avisar a la policía.
- Con cuota: añade una central receptora que vigila 24 horas y sí puede dar ese aviso. Ronda los 15 a 20 euros al mes en las opciones más contenidas y bastante más en las compañías conocidas.
Lo desarrollamos en profundidad en nuestra guía de alarmas para casa sin cuotas, incluida la letra pequeña de cada modelo.
Una alarma sin cuota no llama a la policía, y no es un defecto del aparato: es la ley. En España solo una central receptora autorizada puede trasladar el aviso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y solo después de verificar que la intrusión es real. Lo veremos en el capítulo sobre normativa.

La cámara
Graba, disuade y da pruebas. Tres avisos por experiencia ajena:
- Almacenamiento. Si todo se guarda en una tarjeta dentro de la propia cámara, quien se lleve la cámara se lleva las pruebas. Conviene grabación en la nube, un grabador escondido o las dos cosas.
- Alimentación y red. Una cámara enchufada a la corriente y dependiente del router se cae con el corte de luz que provoca el propio ladrón. Batería de reserva y, si el aparato lo admite, respaldo por datos móviles.
- Encuadre. No puede grabar lo que le apetezca. Es un límite legal serio y va en su propio capítulo.
Nuestras pruebas de modelos concretos están en la sección de cámaras de vigilancia.
El timbre con vídeo y la mirilla digital
Sirven para algo muy específico y muy español: el campaneo. Es la costumbre de llamar a los timbres para comprobar quién está en casa antes de elegir puerta. Una mirilla digital o un timbre con cámara permiten ver quién llama sin abrir ni asomarse, y dejan registro de las visitas raras de la semana anterior al robo, que a veces son la mejor pista.
Repasamos modelos y precios en la guía de mirillas digitales.
La simulación de presencia
El truco más barato que existe y probablemente el más rentable: un par de enchufes inteligentes con horarios aleatorios encendiendo una lámpara del salón y una radio a horas plausibles. Cuestan unos 10 a 20 euros cada uno.
Funciona porque ataca la primera pregunta que se hace quien vigila un portal —¿hay alguien?— y no la última. Una persiana bajada del todo durante nueve días de agosto responde a esa pregunta con un letrero luminoso.
Lo que ningún gadget arregla. Todo esto avisa, graba y molesta. Nada de ello impide físicamente entrar. Si el presupuesto es limitado, el orden sensato es: primero el cerradero y el escudo del bombín, después el sensor de vibración con sirena, y solo entonces las cámaras.
Lo que no cuesta un euro
Sería cómodo que la seguridad se resolviera comprando. No se resuelve: una parte considerable se juega en costumbres que no cuestan nada y que se abandonan por pereza.
- Cerrar con llave siempre. Sale varias veces en este artículo porque es lo más rentable que hay: elimina de un plumazo el método del resbalón. También al bajar a por el pan, y también estando dentro.
- Dar la vuelta completa. Si la cerradura echa varios pestillos, media vuelta deja la mitad del trabajo hecho al de fuera.
- No anunciar el viaje. Ni en redes ni con geolocalización activada ni en el mensaje del contestador. Las fotos de las vacaciones se publican al volver; siguen siendo igual de buenas una semana después.
- El buzón desbordado es un cartel. Si vas a estar fuera, que alguien lo vacíe. Lo mismo con los paquetes en la puerta.
- Las persianas, a media altura. Bajadas del todo durante días dicen exactamente lo que no interesa decir. Y sube y baja alguna con un mando o un motor programable si lo tienes.
- Los vecinos son el mejor sistema de alarma del mercado. Avísales de que te vas, deja un teléfono, y no dejes entrar al portal a nadie que no sepas quién es solo porque «vengo del gas».
- La llave, nunca fuera. Ni bajo el felpudo, ni en la maceta, ni encima del cuadro de la luz, ni en ese hueco tan discreto del contador. Son los primeros sitios donde se mira, no los últimos.
- Nada de valor a la vista desde fuera. El portátil sobre la mesa junto a la ventana del bajo es una invitación con foto.
- Fotografía lo que tenga valor y guarda los números de serie. Cinco minutos con el móvil. Sirve para la denuncia, para la aseguradora y, en el caso de la electrónica, para que un aparato recuperado pueda demostrarse tuyo.
- Las joyas y el dinero, fuera del dormitorio principal. Es la primera habitación a la que se va, y la mesilla es el primer cajón que se abre.
- Si aparecen marcas raras, quítalas. Cinta pegada sobre el cerradero, un papelito encajado en la jamba, una pegatina o una marca de tiza en el marco: todo eso son formas baratas de comprobar si alguien entra y sale de esa vivienda. Retíralo y estate atento unos días.
El agosto de los pisos vacíos. Las tres situaciones que más se repiten son casi siempre las mismas: el bloque entero de vacaciones, la escalera vacía a media mañana de un día laborable y la casa que lleva días con todo bajado. Ninguna se arregla comprando nada; las tres se arreglan pareciendo ocupado.
La letra pequeña de cámaras, alarmas y seguros
Tres normas que casi nadie mira antes de comprar y que cambian bastante lo que se puede esperar de cada aparato.
Tu cámara no puede grabar lo que quiera
Instalar una cámara o un timbre con vídeo en la puerta de casa es legal. Lo que no es legal es lo que encuadra de más.
Según el criterio de la Agencia Española de Protección de Datos, una cámara particular solo puede captar el espacio estrictamente necesario para proteger su propia puerta. No puede grabar de forma continuada el rellano, ni la puerta del vecino, ni la acera, ni el jardín de al lado. En zonas comunes de la comunidad la instalación corresponde a la comunidad, no a un vecino por su cuenta.
Además hay que señalizar: el cartel de zona videovigilada es obligatorio, y su ausencia es de las infracciones que más se sancionan. Las multas a particulares se han movido entre unos cientos y varios miles de euros; la AEPD ha llegado a sancionar la simple instalación de una mirilla digital que grababa de más.

La lectura práctica es sencilla: apunta a tu puerta y a tu felpudo, no al pasillo. Si la cámara ve la puerta del vecino, muévela.
La alarma y la llamada a la policía
Es la confusión más habitual al comparar alarmas con cuota y sin cuota.
La Orden INT/316/2011 regula el funcionamiento de los sistemas conectados a central. Establece que, antes de trasladar un aviso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, la central receptora debe verificar que la intrusión es real: por vídeo, por audio, por secuencia de varias zonas activadas o combinando métodos. Una alarma no verificada se considera falsa.
De ahí se derivan dos consecuencias:
- Un kit sin cuota no puede avisar a la policía por sí mismo, por bueno que sea. Avisa al propietario, que es quien llama.
- Un sistema con cuota tampoco llama a la primera señal. Verifica primero. Eso es una virtud, no una pega: evita movilizar patrullas por un gato o una corriente de aire.
El seguro
La puerta de entrada forma parte del continente de la vivienda, así que los daños por robo o intento de robo —puerta forzada, cerradura reventada, marco destrozado— suelen estar cubiertos por la póliza de hogar, y muchas incluyen la sustitución urgente de la cerradura.
Hay dos detalles que conviene tener claros antes de necesitarlos:
- Sin denuncia no hay cobertura en prácticamente ninguna póliza.
- El artículo 16 de la Ley de Contrato de Seguro da siete días desde que se conoce el siniestro para comunicarlo a la aseguradora, salvo que la póliza fije un plazo mayor. Es un plazo corto y se agota solo entre el susto y el papeleo.
No tires la puerta rota. La puerta forzada y el bombín reventado son la prueba del siniestro, no escombros. Fotografíalo todo antes de que venga el cerrajero y guarda la factura detallada. Un arreglo hecho con prisa y sin fotos es una reclamación que se cae sola.
Si ya han entrado
El orden de estas cosas importa, porque las primeras horas condicionan la denuncia, el seguro y la posibilidad de que no vuelva a pasar.
- No entres. Si llegas y la puerta está forzada, puede que sigan dentro. Llama desde la calle o desde casa de un vecino: 112, o 091 para la Policía Nacional y 062 para la Guardia Civil.
- No toques nada hasta que la policía haya hecho su trabajo. Se pierden huellas con una buena intención.
- Fotografía los daños y el desorden antes de recoger. Puerta, marco, cerradura, cajones, todo. Servirá para la denuncia y para la aseguradora.
- Denuncia. Sin denuncia el seguro no cubre. Lleva la lista de lo que falta con marcas, modelos y números de serie, y añade después lo que vayas echando en falta los días siguientes.
- Avisa a la aseguradora dentro de siete días. Y no repares nada antes de que lo valoren.
- Cambia el bombín si se llevaron llaves, si no está claro por dónde entraron o si la cerradura recibió golpes. Una cerradura forzada queda tocada por dentro aunque por fuera parezca entera.
- Cancela lo que se pueda cancelar. Tarjetas, y si se llevaron el DNI o el pasaporte, denúncialo de forma expresa: la documentación robada acaba usándose para contratar cosas a nombre de otro.
- Repasa el móvil y las cuentas si desapareció un portátil o una tableta con sesiones abiertas. Cambiar contraseñas y cerrar sesiones remotas lleva veinte minutos.
Y después, cuando haya pasado el mal cuerpo, viene la parte útil: mirar exactamente por dónde cedió. El robo, que no tiene nada bueno, al menos deja un informe gratuito sobre cuál era el eslabón débil de la cadena. Si fue el cerco, ninguna cerradura nueva lo arregla. Si fue el bombín, no hace falta cambiar la puerta.
La segunda visita. Una de las regularidades mejor documentadas en criminología es que una vivienda que ya ha sufrido un robo tiene, durante las semanas siguientes, un riesgo bastante más alto que la media de volver a sufrirlo. La casa ya se conoce por dentro y la reparación hecha con prisa suele dejarla peor que antes. Es el peor momento para arreglar la puerta de cualquier manera y el mejor para subir el listón de una vez.
Preguntas frecuentes
¿Qué es lo primero que hay que hacer si el presupuesto es corto?
Cambiar el cerradero por uno de seguridad anclado a la obra y poner escudo protector con un bombín a medida. Son las dos piezas que fallan en los dos ataques más comunes, la palanca y la manipulación del bombín, y juntas cuestan mucho menos que una puerta nueva.
¿Sirve de algo una puerta blindada?
Refuerza la hoja, que es una de las seis piezas de la puerta. Si el ataque va al cerco de madera, como ocurre con la palanca, la chapa de acero no interviene. Por eso una blindada con el marco original protege mucho menos de lo que su nombre sugiere.
¿Una alarma sin cuota avisa a la policía?
No, y no es un defecto del aparato. La normativa española reserva ese aviso a una central receptora autorizada, que además debe verificar la intrusión antes de trasladarla. Un kit sin cuota avisa al propietario por la aplicación y hace sonar la sirena.
¿Puedo poner una cámara enfocando al rellano?
No. La Agencia Española de Protección de Datos limita la grabación de un particular al espacio estrictamente necesario para proteger su propia puerta. El rellano es zona común y la acera es vía pública. Además hay que colocar el cartel de zona videovigilada.
¿Qué gadget avisa antes de que entren?
El sensor de vibración pegado por dentro de la puerta. Detecta los golpes y los tirones mientras el ladrón todavía está trabajando la puerta, mientras que un sensor de apertura convencional solo salta cuando ya está abierta.
¿Cerrar con llave dentro de casa sirve para algo?
Sí. Anula el método del resbalón, que consiste en empujar el pestillo con una lámina de plástico entre la hoja y el marco. Con la llave dada, ese método deja de existir, y no cuesta nada.
¿Cuánto aguanta una puerta de seguridad?
Depende de su clase según la norma UNE-EN 1627. Una RC2 debe resistir tres minutos en ensayo y una RC3, cinco. Para una vivienda esos son los grados razonables; parece poco, pero cinco minutos de ruido en una escalera es tiempo de sobra para que a un ladrón deje de compensarle.
¿El seguro paga la puerta reventada?
La puerta de entrada forma parte del continente, así que lo habitual es que los daños por robo o intento de robo estén cubiertos. Hacen falta dos cosas: la denuncia y comunicar el siniestro a la aseguradora dentro de los siete días que fija el artículo 16 de la Ley de Contrato de Seguro. Y no reparar nada antes de que lo valoren.
Resumiendo el artículo entero en una frase: no se trata de tener una casa inexpugnable, sino de que la tuya salga cara en tiempo y en ruido. Los cinco minutos de una RC3, un sensor que chilla en el minuto uno y un vecino que se asoma valen más que cualquier aparato comprado por separado.










