Un teclado mecánico decente cuesta entre 80 y 200 €, y viene con un plazo de devolución de catorce días y una garantía de dos años. La diferencia entre usar uno y otro es enorme: devolver es cambiarlo por otro en una semana; la garantía es quedarte sin teclado un mes mientras va y viene, si es que te lo aceptan.
Por eso merece la pena dedicarle diez minutos el día que llega. La mayoría de los fallos de fábrica —una tecla que rebota, un estabilizador mal montado, un rollover que no es el que anunciaban— se detectan a la primera si los buscas y tardan meses en aparecer si no.
Esta es la lista, por orden, y ninguna parte necesita más herramientas que el navegador.
1. Que respondan todas, incluidas las que no usas
Parece de perogrullo y es el paso que más fallos caza, porque el fallo casi nunca está donde escribes.
Pulsa el teclado entero, tecla por tecla, y comprueba que todas se marcan. Presta atención especial a las que no tocarías en semanas y que son justo donde nadie mira hasta que las necesita:
- La fila F, sobre todo F11 y F12.
- Bloq Despl, Pausa e Impr Pant, que en muchos teclados compactos están en una capa secundaria.
- El bloque numérico completo, incluida la tecla de más y el Intro pequeño.
- Las dos teclas de cada modificador: hay Ctrl derechos que vienen muertos de fábrica y no te enteras en un año.
- La tecla de menú contextual y la Windows derecha.
Si el teclado tiene capas o función de Fn, prueba también las combinaciones: subir volumen, silenciar, bloquear la tecla Windows. Son teclas de verdad y también vienen defectuosas.
2. El rebote, que es el fallo que más tarde se nota
Es el defecto más traicionero de un teclado mecánico nuevo: pulsas una vez y registra dos. Al principio pasa una vez cada mil pulsaciones y lo achacas a tus dedos; a los seis meses escribes «esstá» tres veces por párrafo.
Los interruptores mecánicos rebotan por naturaleza —los contactos oscilan unos milisegundos al cerrarse— y el firmware lo filtra ignorando lo que llegue demasiado seguido. Cuando un interruptor viene defectuoso, ese filtro se queda corto.
Cómo cazarlo el primer día: escribe un par de párrafos a tu velocidad normal en el test de mecanografía y luego mira el texto. Si aparecen letras dobladas que tú no has escrito, apunta cuáles. Después ve al test de teclado y machaca esa tecla concreta treinta o cuarenta veces mirando el historial: si ves dos registros separados por menos de veinte milisegundos, es rebote y no eres tú.
3. El rollover que dice la caja
Si el teclado se vende como N-Key Rollover, compruébalo, porque es de las cosas que más se exageran en las fichas de producto.
Mantén pulsadas seis, ocho, diez teclas a la vez y mira cuántas se marcan en pantalla. En un NKRO real se marcan todas. Si a partir de la sexta deja de registrar, lo que tienes es un 6KRO y lo han vendido como otra cosa.
Repite la prueba en dos zonas separadas del teclado: muchos modelos protegen bien la zona de WASD y se quedan cortos en el bloque numérico o en las flechas. Está explicado entero, con la diferencia entre ghosting y bloqueo, en ghosting y anti-ghosting.
Si es un teclado para competir, hay una comprobación más: pasa el test de Snap Tap y SOCD. Algunos modelos traen la limpieza de direcciones opuestas activada de fábrica, y en juegos como Counter-Strike 2 eso es sancionable.
4. Lo que se oye y lo que se toca
Esta parte no la mide ningún programa y es la que más gente devuelve.
Los estabilizadores. Son las piezas que mantienen rectas las teclas largas: espacio, Intro, Mayúsculas, Retroceso y el más del bloque numérico. Púlsalas por los extremos, no por el centro. Si suenan a chatarra, tiemblan o se quedan enganchadas, están mal montados. Es el defecto de fábrica más común en teclados de menos de 150 € y también el más fácil de arreglar en casa, pero deberías decidir tú si quieres arreglarlo o devolverlo.
El bamboleo. Coge una tecla cualquiera por arriba y muévela en círculos. Un poco de juego es normal; que baile es un vástago mal hecho.
El sonido, tecla por tecla. Recorre el teclado escuchando. Una que suene distinta a sus vecinas suele ser un muelle mal colocado o un interruptor con el lubricante corrido.
La inclinación. Prueba las patas y comprueba que apoya firme en las tres posiciones. Y si vas a escribir muchas horas, tenemos algo que decir sobre eso en cómo mejorar la ergonomía del teclado.











