Test de oído: hasta qué frecuencia oyes y si tus auriculares están bien
🔒 Aquí solo se genera sonido: no se usa el micrófono, no se graba nada y no hay una sola petición de red. Todo se sintetiza en tu navegador.
📱 En el móvil funciona todo, pero para el test de frecuencia máxima y el de fase necesitas auriculares: el altavoz de un teléfono no reproduce los agudos altos y no tiene separación estéreo real.
Nivel: 25 % · Frecuencia de muestreo de tu equipo: — (techo teórico —) ·
Hasta qué frecuencia oyes
La prueba sube por escalones desde 8 kHz. Dale a reproducir, y si oyes el tono pulsa «lo oigo» para subir al siguiente. Cuando llegues a uno que no oyes, para. Ponte auriculares: los altavoces de portátil casi nunca pasan de 15 kHz y te darán un resultado falso.
Esto no es una prueba médica. Es una estimación grosera que depende de tus auriculares, de tu tarjeta de sonido, del ruido de la habitación y de a qué volumen escuches. Sirve para hacerse una idea y para comparar un oído con el otro, no para diagnosticar nada. Si notas pérdida real de audición, pitidos constantes o oyes mucho peor por un lado, eso lo mira un otorrino.
Canal izquierdo y derecho
Primero la comprobación directa: pulsa cada botón y confirma que el sonido viene del lado que dice. Después la prueba a ciegas, que es la única que detecta los canales cruzados — con los botones etiquetados no te enteras, porque das por bueno lo que esperas oír.
Fase
Dos veces el mismo ruido, una con los canales en fase y otra con uno invertido. En fase debe sonar compacto y centrado en tu cabeza; en contrafase, hueco y esparcido hacia los lados. Si los dos te suenan igual, o tienes un altavoz mal conectado o estás escuchando en mono.
Barrido de 20 Hz a 20 kHz
Veintidós segundos recorriendo todo el espectro. Escucha dos cosas: desde qué frecuencia empiezas a notar el grave (ahí está el límite real de tus cascos, no el del folleto) y si aparecen vibraciones, zumbidos o cortes en algún punto, que delatan un altavoz suelto o una caja que resuena.
Posición actual: —
Ruido rosa y ruido blanco
El ruido rosa reparte la misma energía por octava y es lo que se usa para comparar dos altavoces o dos oídos: debe sonar parejo por ambos lados, sin que uno pese más. El blanco carga los agudos y sirve para cazar distorsiones y vibraciones. Se cortan solos a los 30 segundos.
Lo que este test mide de verdad
Conviene decirlo antes que nada, porque casi todas las páginas de «test de edad auditiva» se lo callan: cuando la prueba de arriba te dice que no llegas a 16 kHz, lo más probable es que el que no llega sea tu equipo.
La cadena que va desde el navegador hasta tu tímpano tiene cuatro eslabones —la tarjeta de sonido, los auriculares o altavoces, el ruido de la habitación y el volumen al que escuches— y el oído es solo el quinto. Un portátil de gama media reproduce poco por encima de 15 kHz. Unos auriculares de veinte euros, tampoco. Y unos altavoces de monitor con el tweeter apuntando a la pared, menos todavía.
Por eso el resultado sirve para dos cosas honestas: comparar tus dos oídos entre sí —con el mismo equipo, el mismo volumen y la misma habitación, si un lado llega bastante menos, eso sí significa algo— y saber hasta dónde llega tu equipo, que es información útil por sí sola. Como número absoluto sobre tu audición, tómalo con pinzas.
Por qué se pierde por arriba
La pérdida de audición por edad se llama presbiacusia y tiene una característica que la hace fácil de detectar: empieza siempre por las frecuencias altas y va bajando.
El motivo está en cómo funciona el oído interno. La cóclea es un conducto en espiral tapizado de células ciliadas, y no todas hacen lo mismo: las de la entrada responden a los agudos y las del fondo, a los graves. Como las de la entrada reciben toda la energía que pasa, son las que más se desgastan. Y no se regeneran.
De ahí que el descenso sea tan ordenado. A los veinte años mucha gente llega a 18 o 19 kHz; a los treinta, a 16 o 17; a los cuarenta, a 15; y a los sesenta, andar por los 12 kHz es lo normal. Nada de esto se nota en el día a día, porque el habla vive entre 300 Hz y 3,4 kHz y la música tiene casi toda su información por debajo de 10 kHz. Se pierde el aire de los platillos y poco más.
Cómo leer cada prueba
Frecuencia máxima
Sube escalón a escalón y para cuando dejes de oír. Dos avisos: no confundas el tono con el chasquido —por eso todos los tonos de aquí entran y salen con una rampa, para que no haya click que oír— y no subas el volumen buscando el agudo. Si tienes que ponerlo al máximo para intuir algo, no lo estás oyendo: estás forzando el oído a cambio de nada.
Ahí arriba tienes también la frecuencia de muestreo de tu equipo. Si dice 44,1 kHz, el techo teórico de lo que puede reproducir son 22 kHz; con 48 kHz, 24. Cualquiera de las dos da de sobra para esta prueba, pero explica por qué no tiene sentido buscar más allá de 20 kHz.
Canales
La comprobación directa detecta un canal muerto. La prueba a ciegas detecta algo que la directa no puede: los canales cruzados. Es un fallo más común de lo que parece —cables mal soldados, adaptadores baratos, cascos puestos del revés— y con los botones etiquetados nunca lo pillas, porque oyes lo que esperabas oír y das el test por bueno.
Si aciertas las cuatro, bien. Si fallas las cuatro, están cruzados: fallar todas es estadísticamente más raro que acertarlas todas, y significa que oyes perfectamente pero al revés. Si aciertas dos, no hay diagnóstico: o el volumen está muy bajo, o solo suena un lado, o la salida está en mono.
Fase
Dos altavoces en contrafase se cancelan los graves entre ellos. Es el fallo clásico de haber conectado un cable de altavoz con el positivo y el negativo intercambiados, y el síntoma es que el sistema suena flojo y sin cuerpo sin que sepas por qué.
En auriculares se nota clarísimo: en fase el ruido se sitúa en un punto compacto dentro de tu cabeza; en contrafase se abre, se vuelve hueco y no consigues señalar de dónde viene. Si las dos versiones te suenan idénticas, no estás escuchando en estéreo.
Barrido
Los veintidós segundos del barrido valen para dos diagnósticos.
El primero: desde qué frecuencia empiezas a notar el grave. Ese es el límite real de tus auriculares, que rara vez coincide con el del folleto. Que unos cascos anuncien «respuesta desde 10 Hz» no significa nada si no dicen a cuántos decibelios; casi todos empiezan a rendir de verdad a partir de 40 o 50 Hz.
El segundo: ruidos que no deberían estar. Si en algún punto del recorrido aparece un zumbido, un cascabeleo o el sonido se ensucia, ahí tienes algo mecánico —un altavoz suelto, un panel de la caja resonando, una rejilla vibrando—. Es la forma más rápida de encontrarlo, porque el barrido pasa por todas las frecuencias una a una y el problema salta justo en la suya.
Ruido rosa y blanco
El rosa reparte la misma energía en cada octava, que es como oye el oído, y por eso es el estándar para comparar: puesto en los dos canales debe sonar igual de pesado por ambos lados. Si uno tira más, tienes un desequilibrio de canal, de balance del sistema o de tu propia audición — y para saber cuál de los tres es, cambia los auriculares de oreja: si el desequilibrio se cambia de lado contigo, son los cascos; si se queda donde estaba, eres tú.
El blanco carga los agudos y sirve sobre todo para cazar distorsión: súbelo poco a poco y escucha si en algún momento el sonido empieza a rasgarse.
Sobre el volumen, que es lo único que puedes controlar
La presbiacusia es inevitable. El daño por ruido no, y se suma al anterior.
La referencia práctica que usan los otorrinos es la regla 60/60: no más del 60 % del volumen máximo durante no más de 60 minutos seguidos. Y la señal de que te has pasado no es el dolor, es más sutil: si al quitarte los cascos notas el mundo apagado un rato, o te queda un pitido leve, acabas de tener una pérdida temporal. Se recupera. Pero las temporales repetidas durante años dejan de recuperarse del todo.
Los auriculares con cancelación de ruido ayudan aquí más de lo que parece, y no por lo que la gente cree: no protegen por bloquear el ruido, protegen porque al no tener que tapar el ruido ambiente con volumen, escuchas de forma natural unos cuantos decibelios más bajo. En metro y avión la diferencia es grande.
Esto no sustituye a una audiometría. Una audiometría real se hace en cabina insonorizada, con auriculares calibrados y midiendo el umbral en decibelios a cada frecuencia; aquí no hay ni cabina, ni calibración, ni medida de nivel. Lo que tienes arriba es una comprobación de equipo con un indicador orientativo de agudos, y nada más.
Si sospechas una pérdida real —conversaciones difíciles con ruido de fondo, pitidos que no se van, un oído claramente peor que el otro, o pérdida repentina— eso es motivo de consulta, y la repentina lo es de urgencia: en la sordera súbita las primeras horas cuentan.