Una cámara solo sabe hacer una cosa: dejar entrar luz durante un rato y anotar lo que le llega. Todo lo demás —el desenfoque bonito del fondo, congelar a un pájaro en vuelo, que una foto de noche salga o no salga— sale de decidir cuánta luz entra y durante cuánto tiempo.
Y para eso solo hay tres mandos:
- El diafragma, que abre o cierra el agujero por donde entra la luz.
- La velocidad de obturación, que decide cuánto tiempo lo deja abierto.
- El ISO, que amplifica lo que haya llegado.
A eso se le llama triángulo de exposición, y se llama triángulo por un motivo muy concreto: los tres están atados entre sí. Si tocas uno, tienes que compensar con otro o la foto se te va de luz. No hay ajuste bueno y ajustes malos: hay tres formas distintas de conseguir la misma cantidad de luz, y cada una tiene un precio.
Ese precio es lo interesante, y es lo que casi nunca se explica bien:
- Abrir el diafragma cuesta profundidad de campo.
- Bajar la velocidad cuesta nitidez si algo se mueve.
- Subir el ISO cuesta ruido.

Cuando entiendes qué te cobra cada uno, dejas de disparar en automático y empiezas a decidir tú qué foto quieres. Vamos con los tres, uno a uno, y luego con la parte práctica.
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El diafragma: por qué f/2 deja entrar más luz que f/16
El diafragma es un agujero de tamaño variable dentro del objetivo. Cuanto más abierto, más luz entra. Hasta aquí, fácil.
Lo que despista a todo el mundo es la numeración, porque va al revés de lo que uno esperaría: f/2 es un agujero grande y f/16 es un agujero pequeño.
El motivo, que tiene todo el sentido
Ese número no mide el agujero. Es una división. La f es la distancia focal del objetivo, y la barra significa exactamente lo que parece:
f/2 quiere decir «la distancia focal partida por 2».
En un objetivo de 50 mm, f/2 son 50 ÷ 2 = 25 mm de abertura. Y f/16 son 50 ÷ 16 = algo más de 3 mm. Por eso el número grande da el agujero pequeño: está en el divisor.
La escala, y por qué son números tan raros
La serie estándar es esta:
f/1.4 · f/2 · f/2.8 · f/4 · f/5.6 · f/8 · f/11 · f/16 · f/22
Parecen números arbitrarios y no lo son: cada paso deja pasar la mitad de luz que el anterior. Y la razón de que se multipliquen por 1,4 y no por 2 es que el agujero es un círculo: para reducir el área a la mitad, el diámetro no se parte por dos, se divide por la raíz cuadrada de dos, que es 1,4142…
De ahí que la escala vaya saltando así. Cada uno de esos saltos se llama un paso (o stop), y es la unidad con la que se habla de luz en fotografía: los tres mandos del triángulo se miden en pasos, y por eso se pueden intercambiar entre ellos.
Lo que te cobra: la profundidad de campo
Aquí está la parte que de verdad importa para tus fotos. La profundidad de campo es cuánta distancia sale nítida por delante y por detrás de donde has enfocado.
- Diafragma abierto (f/1.8, f/2.8): poca profundidad. El sujeto sale nítido y el fondo se deshace. Es el desenfoque de los retratos.
- Diafragma cerrado (f/8, f/11): mucha profundidad. Sale nítido desde lo cercano hasta el horizonte. Es lo de los paisajes.
O sea que el diafragma no es solo un grifo de luz: es el mando con el que decides cuánta escena está enfocada. Suele ser el primero que conviene aprender a mover.
La velocidad de obturación: congelar o dejar rastro
Es el tiempo que el sensor está recibiendo luz. Se mide en fracciones de segundo y la escala también va de paso en paso, doblando o partiendo por dos:
1/1000 · 1/500 · 1/250 · 1/125 · 1/60 · 1/30 · 1/15 · 1/8 · 1/4 · 1/2 · 1"
Cada escalón hacia la derecha deja entrar el doble de luz que el anterior. Y aquí la equivalencia con el diafragma es directa: un paso es un paso. Si cierras el diafragma un paso y abres la velocidad un paso, la foto tiene exactamente la misma luz.
Lo que te cobra: el movimiento
- Velocidad alta (1/500, 1/1000): congela. Un pájaro, un chaval saltando, una gota cayendo.
- Velocidad baja (1/15, 1", 5"): deja rastro. El agua sedosa de una cascada, los coches convertidos en líneas de luz.
Ninguna de las dos es «la buena». Son dos fotos distintas y la eliges tú.
La regla que evita el 90 % de las fotos movidas
Hay una pega que no depende del sujeto sino de ti: tu pulso. A mano alzada, por debajo de cierta velocidad, tiembla todo.
La regla clásica es fácil de recordar:
La velocidad mínima a pulso es 1 partido por la distancia focal.
Con un 50 mm, no bajes de 1/50. Con un 200 mm, no bajes de 1/200. Cuanto más teleobjetivo, más se amplifica el temblor, y por eso hace falta más velocidad.
Dos matices que la regla original no tenía, porque es de la época del carrete:
- Si tu cámara no es de sensor completo, multiplica por el factor de recorte (normalmente 1,5 o 1,6). Un 50 mm en APS-C pide más bien 1/80.
- Si el objetivo o el cuerpo llevan estabilizador, puedes bajar bastante más: dos o tres pasos, según el sistema.
Y ojo con una confusión habitual: el estabilizador corrige tu pulso, no el movimiento del sujeto. Si lo que se mueve es la persona que fotografías, no hay estabilizador que la congele; ahí solo sube la velocidad.
El ISO: el mando del que todo el mundo tiene miedo
El ISO es el tercer vértice, y el peor entendido de los tres. La escala es la más simple:
100 · 200 · 400 · 800 · 1600 · 3200 · 6400 · 12800…
Cada salto es un paso, igual que en los otros dos. ISO 800 da el doble de luz aparente que ISO 400.
Lo que el ISO no es
Se suele decir que el ISO es «la sensibilidad del sensor». No lo es exactamente, y la diferencia explica muchas cosas.
El sensor tiene la sensibilidad que tiene, y no cambia. Lo que hace el ISO es amplificar la señal después de capturarla, más o menos como subir el volumen de una grabación floja. Y ahí está el problema: al amplificar la señal, amplificas también el ruido que venía con ella.
Por eso las fotos a ISO alto salen con ese grano de puntitos de color, sobre todo en las zonas oscuras. No es que el sensor «vea peor»: es que estás subiendo el volumen de algo que llegó muy bajito.
Pero no le tengas tanto miedo
El pánico al ISO alto viene de las cámaras de hace quince años, y hoy está mal calibrado. Un sensor moderno decente aguanta ISO 3200 o 6400 perfectamente para una foto que vas a ver en pantalla o a imprimir en tamaño normal.
Y sobre todo, ten claro el orden de prioridades:
Una foto con algo de ruido sirve. Una foto movida no sirve para nada.
Si estás dudando entre subir el ISO o bajar la velocidad por debajo de lo que aguanta tu pulso, sube el ISO. El ruido se disimula, e incluso se limpia bastante bien en edición; el movimiento no se arregla.
Los tres juntos: la misma luz, seis fotos distintas
Aquí es donde el triángulo cobra sentido. Todas estas combinaciones dan exactamente la misma exposición, y ninguna da la misma foto:
| Ajuste | Diafragma | Velocidad | ISO | Qué foto sale |
| A | f/2.8 | 1/500 | 100 | Fondo muy desenfocado y movimiento congelado |
| B | f/4 | 1/250 | 100 | Un punto menos de desenfoque; sigue congelando |
| C | f/5.6 | 1/125 | 100 | Equilibrio clásico; el límite del pulso con un 50 mm |
| D | f/8 | 1/60 | 100 | Casi todo enfocado; ojo si el sujeto se mueve |
| E | f/11 | 1/30 | 100 | Todo enfocado pero ya necesitas trípode |
| F | f/11 | 1/500 | 800 | Todo enfocado Y congelado; lo paga el ISO con ruido |
Fíjate en lo que pasa de la A a la E: cada vez que cierro el diafragma un paso, bajo la velocidad un paso para compensar. La luz se mantiene; lo que cambia es que gano fondo enfocado y pierdo capacidad de congelar.
Y la F es la interesante: quiero las dos cosas a la vez —todo enfocado y todo congelado—, y la única forma de conseguirlo es pagar con ISO. Ahí está el triángulo entero en una fila.
Los modos de la cámara, traducidos
No hace falta ir siempre en manual. Los modos semiautomáticos son exactamente esto:
- A o Av (prioridad a la abertura): eliges el diafragma y la cámara pone la velocidad. Es el modo para retratos y paisajes, y probablemente el que más vas a usar.
- S o Tv (prioridad a la velocidad): eliges la velocidad y ella pone el diafragma. Para deporte, niños y animales.
- M (manual): mandas tú en los dos. Necesario con luz constante y complicada, o cuando quieres que todas las fotos salgan iguales.
- ISO automático con tope: la mejor costumbre que puedes coger. Le dices «sube ISO si hace falta, pero no pases de 6400 y no bajes de 1/125», y te olvidas.
Una cosa más: exponer no es solo «que se vea»
La cámara mide la luz y busca un gris medio. Se equivoca de forma predecible en dos escenas: la nieve o una pared blanca le salen grises y oscuras, y una escena muy oscura le sale lavada. Para eso está la compensación de exposición (el botón del ±), que le dice «sobre lo que tú calcules, ponme un paso más» sin sacarte del modo automático.
Y ojo con el otro extremo: lo quemado no se recupera. Una sombra oscura guarda información que puedes levantar después; un cielo blanco del todo no guarda nada, porque ahí no se anotó ningún dato. Ante la duda con luces fuertes, quédate corto de exposición y levanta luego.











