Hay una asimetría curiosa en el vídeo, y conviene saberla antes de gastar: la gente aguanta una imagen mediocre, pero no aguanta un sonido malo. Un vídeo con la imagen algo blanda se sigue viendo; uno donde no se entiende lo que dicen se cierra a los diez segundos.
Y aun así, casi todo el mundo se gasta el presupuesto en la cámara y graba con el micrófono que trae dentro.
Ese micrófono integrado tiene tres problemas que no se arreglan en edición:
- Está lejos de tu boca, y en sonido la distancia lo es todo.
- Recoge en todas direcciones, así que mete el aire acondicionado, la calle y el eco de la habitación al mismo nivel que tu voz.
- Está pegado a la cámara, con lo que capta el ruido del enfoque, del zoom y de tus propios dedos.
La buena noticia es que el salto de calidad más grande de todo el vídeo casero cuesta muy poco: separar el micrófono de la cámara y acercarlo a la boca. Vamos con qué tipo necesitas.
Para leer más tarde...
Qué micrófono necesitas según lo que grabes
| Tipo | Dónde se pone | Ideal para | Su punto flaco |
| Corbata (lavalier) por cable | Prendido en la ropa | Entrevistas sentadas, formación | El cable te ata a la cámara |
| Corbata inalámbrico | Prendido en la ropa | Vlogs, moverse, hablar a cámara | Pilas y posible interferencia |
| Cañón (shotgun) en cámara | Sobre la zapata | Reportaje, exteriores, seguir al sujeto | Cuanto más lejos peor; capta lo de detrás |
| Cañón en pértiga | Fuera de cuadro sobre el sujeto | Ficción y todo lo que se cuide | Necesita alguien que lo sostenga |
| De mano dinámico | En la mano del entrevistado | Calle, ruido, eventos | Sale en cuadro; hay que acercarlo mucho |
| USB de sobremesa | En la mesa delante de ti | Locución, podcast, directos | Nada de movilidad; coge la mesa |
| Grabadora aparte | Cerca del sujeto | Cuando la cámara graba mal audio | Hay que sincronizar después |
La regla que decide casi todo
Antes de comparar modelos, interioriza esto, porque manda sobre cualquier especificación:
Acercar el micrófono a la mitad de distancia mejora el sonido más que gastarte el doble en él.
Un micrófono de treinta euros a un palmo de tu boca suena mejor que uno de trescientos a dos metros. La razón es que al acercarte sube la voz respecto a todo lo demás —el eco de la sala, la nevera, la calle— y esa proporción es la que hace que un audio suene “limpio” o “de aficionado”.
Por eso el micrófono de corbata gana tantas veces: no es mejor que un cañón, es que está a quince centímetros de la boca.

Direccionalidad, en cristiano
Verás palabras como cardioide, supercardioide u omnidireccional. Significan por dónde escucha:
- Omnidireccional: oye por igual en todas direcciones. Los de corbata suelen serlo, y no pasa nada porque están muy cerca.
- Cardioide: oye sobre todo lo que tiene delante y rechaza lo de detrás. Es lo normal en micros de mesa y de mano.
- Supercardioide / cañón: muy estrecho hacia delante. Sirve para apuntar a alguien desde lejos, pero también recoge un poco de lo que tiene justo detrás, que es un detalle que sorprende a mucha gente. Si apuntas a alguien con una carretera al fondo, la carretera entra.
Cómo conectarlo y los tres fallos que arruinan una grabación
El lío de los conectores
Aquí hay una trampa que hace que mucha gente compre el micrófono equivocado:
- TRS es el minijack de toda la vida (dos anillos): el de las cámaras.
- TRRS tiene un anillo más y es el de los móviles, porque lleva también el canal del micrófono.
No son intercambiables. Un micro de cámara enchufado a un móvil normalmente no graba, y al revés tampoco. Se resuelve con un adaptador de dos euros, pero hay que saberlo antes.
Y luego está XLR, el conector de tres patillas del audio profesional: más robusto, sin ruido en tiradas largas y con alimentación fantasma para los micrófonos que la necesitan. Si tu cámara no tiene XLR —la mayoría no—, hace falta una interfaz o una grabadora aparte.
Los tres fallos que se cargan una toma
1. Grabar con el nivel a tope. Si la señal entra demasiado fuerte, se recorta, y eso no tiene arreglo: la información no existe. Deja el nivel de forma que tu voz normal se quede en torno a dos tercios, con margen de sobra para cuando te animes. Es la misma lógica que con las luces quemadas de una foto.
2. Olvidar la espuma o la peluda. Al aire libre, el viento no se quita después. Con brisa floja basta la espuma; con viento de verdad hace falta la funda peluda, que es fea y funciona.
3. No escuchar mientras grabas. El fallo más caro de todos. Si no llevas auriculares puestos, no te enteras de que el micro se soltó, de que estaba en silencio o de que había un zumbido, y lo descubres en casa cuando ya no hay nada que hacer. Auriculares siempre, aunque sean baratos.
Sincronizar sin complicarse
Si grabas el sonido en un aparato aparte, hay que juntarlo con la imagen después. El truco de toda la vida sigue siendo el mejor: una palmada seca al principio de la toma, donde la cámara la vea y el micrófono la oiga. En edición, alineas el pico del sonido con el fotograma de las manos juntas y listo.
Y graba también con el micro de la cámara aunque suene mal: te sirve de referencia para alinear, y de salvavidas si el bueno falla.
Qué comprar según lo que hagas
- Hablas a cámara y te mueves (vlog, viaje): corbata inalámbrico. Es el que ha cambiado la vida a los creadores en los últimos años, y los sistemas de dos transmisores y un receptor se han abaratado muchísimo. Compra uno con grabación interna de respaldo: si el enlace se corta, el audio sigue guardado en el propio transmisor.
- Entrevistas sentadas: dos de corbata, uno por persona. Con cable si no te mueves, que además es más fiable y más barato.
- Reportaje y exteriores sin poder acercarte: cañón en la cámara, con su peluda. No es lo ideal, es lo posible.
- Locución, podcast o directos desde tu mesa: micrófono USB de sobremesa con brazo articulado. El brazo importa: aleja el micro de los golpes de la mesa y del teclado.
- Calle con ruido: de mano dinámico. Aguanta el ruido ambiente mucho mejor y no le importa salir en cuadro; en periodismo es lo normal.
Dónde no merece la pena gastar
- En un micro caro para ponerlo lejos. Ya lo hemos dicho y es la trampa más habitual: el dinero se nota en la colocación, no en la ficha técnica.
- En resolución de audio exagerada. Grabar a 96 kHz y 24 bits está muy bien para música; para una voz que va a acabar en un vídeo comprimido, no vas a notar nada frente a 48 kHz.
- En quitar ruido después. Los limpiadores por software han mejorado una barbaridad, pero siempre se llevan algo de la voz por delante. Sirven para salvar una toma, no como plan.
Y lo que sí es gratis
La sala. Una habitación con cortinas, sofá, alfombra y estanterías llenas suena infinitamente mejor que una con paredes desnudas, y no cuesta nada. Si te oyes con eco, no compres un micrófono mejor: cambia de habitación o llénala de cosas blandas.











