Es uno de los componentes más pequeños que existen dentro de un dispositivo electrónico, tan diminuto que muchos caben en la cabeza de un alfiler, y sin embargo se ha convertido en un cuello de botella para toda la industria. El condensador cerámico multicapa, conocido por sus siglas en inglés MLCC (multilayer ceramic capacitor), vive una demanda enorme: la fiebre de la inteligencia artificial está disparando su precio y tensando una cadena de suministro que apenas da abasto.
Según un reportaje del South China Morning Post, los modelos de alta capacitancia —los que almacenan y liberan más energía para alimentar a procesadores cada vez más exigentes— han subido entre dos y cuatro veces de precio desde el Año Nuevo chino de 2026. En algún caso concreto, el precio ha pasado de 10 yuanes por cada 1.000 unidades a 40 yuanes (unos 5,90 dólares).
Detrás de esta subida hay dos grandes motores: los clústeres de servidores de IA y los vehículos eléctricos. Y, como suele ocurrir cuando un componente diminuto se vuelve crítico, el efecto se propaga por toda la cadena hasta encarecer el coste de fabricar los sistemas que están en el corazón del boom de la IA.
Qué es un MLCC y por qué la IA dispara su demanda
Un MLCC es un condensador cerámico formado por muchas capas apiladas de material aislante y electrodos metálicos. Su función es regular las corrientes eléctricas: almacena energía y la libera de forma rápida y estable para que los procesadores reciban un suministro limpio. Son tan baratos y tan ubicuos que en la industria se les conoce como el “arroz electrónico”: están en prácticamente todo lo que lleva un chip.
La clave está en las cantidades. Un teléfono móvil lleva más de 1.000 MLCC. Pero un servidor de inteligencia artificial dispara esa cifra de forma espectacular: un único servidor puede consumir hasta cientos de miles de unidades. Por ejemplo, un servidor basado en la plataforma Nvidia GB300 integra del orden de decenas de miles de MLCC por unidad, y un rack completo puede absorber cientos de miles de estos componentes, muy por encima de un servidor tradicional.
La paradoja del cuello de botella: aunque los servidores de IA representan solo un 2-3 % de las unidades de MLCC fabricadas en el mundo, ocupan cerca del 10 % de la capacidad de producción. ¿El motivo? Las piezas de altísima capacitancia que exige la IA tienen rendimientos de fabricación en torno al 40 % y ciclos de producción que duran el doble. Pocas unidades, pero que monopolizan las líneas de las fábricas.
Por eso la IA pesa tanto pese a ser una porción pequeña del volumen total: cada servidor necesita una cantidad desproporcionada de los modelos más difíciles y lentos de producir, justo cuando la demanda de cómputo no deja de crecer.
Cuánto suben los precios y qué fabricantes mandan
El mercado de los MLCC de alta capacitancia se ha recalentado con fuerza. Según el South China Morning Post, sus precios se han multiplicado entre dos y cuatro veces desde el Año Nuevo chino, con casos concretos que han saltado de 10 a 40 yuanes por cada 1.000 unidades. La presión ha empujado al mercado al contado (spot) a toda máquina, aunque con una particularidad: llueven las consultas, pero las transacciones reales van lentas porque muchos compradores se resisten a pagar precios tan altos.
A esta tensión se han sumado anuncios formales de subida por parte de los grandes fabricantes:
| Fabricante | Subida anunciada | Fecha de entrada en vigor |
| Murata | 15 % a 35 % | 1 de abril de 2026 |
| Samsung Electro-Mechanics | Hasta dos dígitos | Abril de 2026 |
| Taiyo Yuden | 6 % a 13 % | 2026 |
El dominio del sector está muy concentrado en manos de los gigantes japoneses y coreanos. Murata Manufacturing, el líder industrial japonés, controla más del 40 % del mercado global de MLCC y, según los datos del sector, alrededor del 70 % del segmento específico de servidores de IA. Es decir, la pieza más estratégica del boom de la IA depende, en gran medida, de un puñado de proveedores.
La comparación con la memoria es inevitable: igual que ocurrió con los chips de memoria el año anterior, un componente aparentemente humilde se convierte en un punto de estrangulamiento que encarece todo lo que está aguas abajo. Si los MLCC se vuelven más caros y escasos, construir servidores de IA cuesta más, y esa factura acaba repercutiendo en toda la cadena.
El desenlace dependerá de si los fabricantes logran ampliar capacidad para los modelos de alta capacitancia —los más difíciles de producir— al ritmo que marca la demanda de cómputo. Mientras tanto, un componente que cabe en la punta de un dedo seguirá siendo uno de los protagonistas silenciosos de la economía de la inteligencia artificial.











