Un pasajero casi es succionado por una ventanilla rota en pleno vuelo de Ryanair

Rubén Castro, 10 julio 2026
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Un vuelo de Ryanair entre Salónica (Grecia) y Memmingen (Alemania) tuvo que dar media vuelta el 10 de julio de 2026 después de que una ventanilla de la cabina se rompiera en pleno ascenso y uno de los pasajeros quedara parcialmente succionado hacia el exterior. El hombre, un turista serbio de 61 años sentado junto a la ventana, sacó la cabeza y los hombros por el hueco, pero el cinturón, su propia mujer —que le agarró las piernas— y otros viajeros que tiraron de él evitaron la tragedia. Salió con quemaduras por fricción y fue hospitalizado, aunque en buen estado general.

El susto pudo ser mucho peor. El fallo ocurrió a unos 15.000 pies (4.500 metros), no a la altitud de crucero habitual (35.000-38.000 pies). A esa altura la diferencia de presión con el exterior es menor y hay bastante más oxígeno, lo que dio a la tripulación margen para descender y volver al aeropuerto sin desmayos generalizados.

El avión, un Boeing 737-800, regresó a Salónica y aterrizó con normalidad menos de una hora después de despegar. La gran pregunta —qué rompió la ventanilla— apunta, según los primeros informes, a restos desprendidos de uno de los motores. Pero la historia da para más: es una buena excusa para entender por qué la cabina de un avión “tira” de ti hacia fuera cuando se abre un agujero y cómo está fabricada realmente esa ventanilla que parece tan endeble.

Qué pasó, minuto a minuto

El vuelo FR1879, operado por Malta Air (filial del grupo Ryanair) con un Boeing 737-800 matrícula 9H-QEU, despegó de madrugada del aeropuerto de Salónica rumbo a Memmingen, en el sur de Alemania.

Apenas ocho minutos después del despegue, cuando el avión ascendía cruzando unos 15.000 pies, una de las ventanillas del lado derecho de la cabina reventó. La rotura provocó una descompresión inmediata: el aire de dentro salió disparado hacia el exterior con un estruendo y arrastró consigo al pasajero más cercano.

  • “Nos dimos cuenta al instante de que había una descompresión. Hubo gritos”, relató uno de los viajeros.
  • El hombre, de 61 años, tenía la cabeza y los hombros fuera del avión. No se había quitado el cinturón, y su mujer le sujetó las piernas mientras otros pasajeros tiraban de él hasta meterlo de nuevo y sujetarlo.

Los pilotos declararon emergencia, iniciaron un descenso rápido y pusieron rumbo de vuelta a Salónica, donde el 737 aterrizó sin más problemas alrededor de una hora después de haber despegado. Los pasajeros fueron devueltos a la terminal.

El herido fue trasladado al hospital universitario AHEPA de Salónica con quemaduras por fricción y molestias en el cuello, a la espera de pruebas para descartar fracturas o lesiones internas. El resto del pasaje resultó ileso.

Sobre la causa, los medios griegos apuntan a que un trozo desprendido de uno de los motores golpeó el fuselaje y rompió la ventanilla. Ryanair, por su parte, se limitó a confirmar que el vuelo “regresó a Salónica poco después del despegue cuando una ventanilla de pasajero se desprendió durante el vuelo” y que “el avión aterrizó con normalidad”. La investigación oficial deberá confirmar el origen exacto del fallo.

Por qué la cabina "succiona" hacia fuera

Lo primero: no es que el avión “aspire” a la gente como una aspiradora. Lo que hay es una diferencia de presión.

Para que podamos respirar a gran altura, la cabina va presurizada: aunque el avión vuele a 11.000 metros, dentro se mantiene una presión equivalente a estar a unos 2.000-2.400 metros. Fuera, en cambio, el aire es muy fino. Mientras el fuselaje está sellado, ese desequilibrio no se nota. Pero en cuanto se abre un agujero, el aire a presión de dentro se lanza hacia el exterior de baja presión para igualar ambos lados, y arrastra con él todo lo que pilla cerca: papeles, móviles… y, si está justo al lado, a una persona.

A eso se le llama descompresión, y puede ser de tres tipos según lo rápida que sea:

  • Explosiva: en menos de medio segundo. La más violenta.
  • Rápida: unos segundos.
  • Gradual: una fuga lenta que a veces ni se percibe hasta que saltan las alarmas.
Aquí está la clave de que este pasajero sobreviviera. La fuerza de succión y la falta de oxígeno dependen muchísimo de la altitud. A 15.000 pies, la diferencia de presión es moderada y el “tiempo útil de consciencia” ronda la media hora. A altitud de crucero (35.000 pies), ese margen cae a menos de un minuto y las fuerzas son mucho mayores. De ahí que las mascarillas de oxígeno caigan automáticamente y que la primera orden sea siempre descender rápido.

Por eso la recomendación de mantener el cinturón abrochado también cuando la señal está apagada no es un capricho: en una descompresión repentina, ese cinturón es literalmente lo que evita que salgas despedido del asiento.

La ventanilla de un avión por dentro: tres capas y un agujerito

La ventanilla de un avión parece un simple cristal de plástico, pero en realidad es un sándwich de varias capas pensado para no fallar aunque una de ellas se rompa.

Una ventanilla típica de cabina tiene tres paneles de acrílico (metacrilato) muy resistente, separados por una pequeña cámara de aire:

  • Panel exterior: es el que aguanta la diferencia de presión entre la cabina y el exterior. Es el “fuerte”.
  • Panel intermedio: actúa de respaldo. Si el exterior fallara, este puede soportar la presión por sí solo. Es la red de seguridad.
  • Panel interior: el que tocas con el dedo. No soporta presión; está solo para proteger a los otros dos de arañazos y golpes.

¿Y ese pequeño agujero que casi todos hemos visto en la parte de abajo de la ventana? No es un defecto. Es un orificio de respiración (o bleed hole) perforado en el panel intermedio. Su función es igualar la presión de la cámara de aire con la de la cabina, de modo que sea el panel exterior el que cargue con todo el esfuerzo y el intermedio quede “de reserva”. De paso, evita que se empañe.

La forma ovalada y redondeada de las ventanillas tampoco es estética: reparte las tensiones y evita que se concentren en las esquinas. Las ventanas cuadradas de los primeros reactores comerciales, como el De Havilland Comet, concentraban tanto la fatiga en las esquinas que acabaron provocando accidentes; desde entonces, todas son ovaladas.

Con este diseño redundante, es rarísimo que una ventanilla ceda sola. Por eso lo ocurrido en el vuelo de Ryanair apunta a un golpe externo —los famosos restos del motor— capaz de vencer las tres capas de una vez, y no a un simple fallo del material.

No es la primera vez: otros pasajeros succionados por una ventanilla

Por escalofriante que suene, lo del vuelo de Ryanair tiene precedentes muy conocidos en la aviación. Y sirven para poner las cosas en contexto: son sucesos rarísimos, y en varios de ellos la gente sobrevivió.

IncidenteAñoAviónQué fallóDesenlace
British Airways 53901990BAC One-ElevenSe soltó el parabrisas de cabina por tornillos incorrectosEl comandante salió medio despedido; lo sujetaron 20 minutos y sobrevivió
Southwest 13802018Boeing 737-700Se rompió un álabe del motor y los restos destrozaron una ventanillaUna pasajera fue succionada en parte y falleció
Alaska Airlines 12822024Boeing 737 MAX 9Se desprendió un tapón de puerta a 16.000 piesDescompresión rápida sin heridos graves
Ryanair FR18792026Boeing 737-800Restos de motor rompen una ventanilla (en investigación)Un pasajero quedó medio succionado; sobrevivió con quemaduras

El caso más parecido es el de Southwest 1380 (2018): se rompió un álabe (una de las palas) del ventilador de un motor, los fragmentos salieron despedidos y destrozaron una ventanilla. Una pasajera sentada al lado fue succionada parcialmente y, por desgracia, falleció. Es exactamente el mismo mecanismo que se sospecha en Salónica: no falló la ventana, la rompió algo que salió del motor.

El más célebre por su final feliz es el de British Airways 5390 (1990): a un Boeing británico se le soltó el parabrisas de la cabina y el comandante Tim Lancaster salió despedido hasta la cintura. Un tripulante lo agarró de las piernas y lo mantuvo sujeto durante más de veinte minutos, con medio cuerpo fuera del avión a cientos de kilómetros por hora, hasta que consiguieron aterrizar. Sobrevivió.

Y el más reciente es el de Alaska Airlines 1282 (2024): a un Boeing 737 MAX 9 se le desprendió un tapón de puerta justo a unos 16.000 pies —una altitud parecida a la del vuelo de Ryanair—. Hubo descompresión, pero nadie iba sentado pegado al hueco y no se lamentaron heridos graves.

La moraleja de todos ellos es la misma que dejó el susto de este 10 de julio: volar sigue siendo extraordinariamente seguro, los aviones están diseñados con redundancias para sobrevivir a estos fallos… y ese cinturón abrochado, aunque la señal esté apagada, es mucho más importante de lo que parece.

Foto de portada: Boeing 737-8AS de Ryanair, por Anna Zvereva, CC BY-SA 2.0. Imagen ilustrativa: no corresponde al avión concreto del incidente.
Rubén Castro

Rubén Castro

Redactor

Apasionado de explorar y diseccionar lo último en tecnología. Tengo mucha experiencia en el mundo de los ordenadores y el gaming, aunque también me gustan todos los tipos de gadgets.