Michael Burry cierra su fondo y dice que el mercado no tiene sentido para él

Rubén Castro, 23 noviembre 2025

Michael Burry, el inversor que inspiró la película “La gran apuesta” (The Big Shor), ha decidido cerrar su fondo para inversores externos, Scion Asset Management, porque considera que el mercado bursátil ya no tiene sentido para él y que los precios se han desvinculado de los fundamentales económicos.

Quién es Michael Burry

Burry saltó a la fama por anticipar el estallido de la burbuja hipotecaria de 2008, apostando en corto contra las hipotecas subprime cuando casi todo Wall Street pensaba que el sistema era sólido. Su historia quedó inmortalizada en el libro de Michael Lewis y la película La gran apuesta, donde aparece como el médico convertido en gestor de fondos que ve antes que nadie las grietas del sistema financiero.

Tras esa victoria épica, Burry ha gestionado Scion Asset Management, un fondo relativamente pequeño en tamaño, pero con un impacto mediático enorme, porque cada movimiento suyo se interpreta como una posible señal de alarma macroeconómica.

Qué ha pasado con Scion

Según los registros de la SEC estadounidense, Scion Asset Management ha dado de baja su inscripción como asesor registrado, lo que en la práctica significa que deja de gestionar dinero para clientes externos y entra en una fase de liquidación de fondos. En su comunicación a los inversores, Burry explicó que venderá las posiciones y devolverá el capital a finales de año (salvo los típicos ajustes fiscales y de auditoría), porque su manera de valorar los activos lleva tiempo sin coincidir con los precios que marca el mercado.

En su última declaración regulatoria, Scion gestionaba en torno a 155 millones de dólares repartidos en varias cuentas, una cifra modesta para Wall Street, pero muy observada por el tipo de apuestas concentradas que suele hacer Burry.


La burbuja de la IA en el trasfondo

El cierre del fondo no llega en el vacío: en meses recientes, Burry ha tomado posiciones bajistas por valor de más de mil millones de dólares nominales contra empresas estrechamente ligadas al auge de la inteligencia artificial, en especial Nvidia y Palantir.

Distintas crónicas de mercado destacan que su tesis es que las grandes tecnológicas están infraestimando el coste real de depreciación de los equipos de cómputo de IA y, en consecuencia, están mostrando beneficios inflados que no serían sostenibles a medio plazo.

Varios medios recogen también que Burry ha comparado el entusiasmo actual por la IA con episodios históricos como la burbuja puntocom, sugiriendo que la concentración extrema de las ganancias bursátiles en unas pocas tecnológicas es una señal clásica de euforia especulativa.

Qué significa cerrar un hedge fund así

Desde el punto de vista técnico, la baja en la SEC implica que Scion ya no está obligado a presentar informes públicos periódicos ni a cumplir con la normativa propia de los asesores que gestionan capital de terceros. Información de fuentes cercanas y análisis posteriores apuntan a que el vehículo Scion podría seguir existiendo como una especie de “family office” o plataforma personal para las inversiones de Burry, pero sin el escrutinio y las obligaciones de un fondo abierto a clientes.

En la práctica, esto supone que uno de los pocos gestores abiertamente escépticos con la burbuja de la IA abandona el juego institucional justo cuando el mercado premia de forma casi unánime a las grandes empresas tecnológicas, lo que refuerza la sensación de que su decisión es tanto una apuesta financiera como un gesto de protesta intelectual contra cómo se fijan hoy los precios.

Lecciones para el pequeño inversor

Más allá del personaje mediático, el movimiento de Burry lanza varios mensajes incómodos al inversor de a pie: que incluso gestores brillantes pueden llegar a la conclusión de que el mercado se ha vuelto inoperable para su estilo de inversión, y que la disciplina de devolver el dinero cuando ya no se confía en el entorno es una forma extrema, pero coherente, de gestión del riesgo.

También subraya que apostar contra una narrativa dominante —en este caso, la fe casi religiosa en que la IA justificará cualquier precio— puede ser financieramente costoso durante mucho tiempo, aunque la tesis de fondo acabe siendo correcta, tal como ocurrió con él antes de 2008.

Para el inversor particular, la historia recuerda que no es obligatorio “jugar” siempre: a veces, como sugiere la propia visión de Burry sobre este mercado, la mejor decisión es reducir exposición, priorizar la liquidez y aceptar que sentarse en la banda es una estrategia tan válida como perseguir la siguiente gran moda bursátil.

Rubén Castro

Redactor

Apasionado de explorar y diseccionar lo último en tecnología. Tengo mucha experiencia en el mundo de los ordenadores y el gaming, aunque también me gustan todos los tipos de gadgets.