Partes del oído y su funcionalidad

Rubén Castro, actualizado a 9 agosto 2026
partes del oido

El oído hace algo que, visto de cerca, no es nada evidente: coge una variación de presión del aire de unas millonésimas de atmósfera y la convierte en impulsos eléctricos que el cerebro entiende como una palabra, una nota o el chirrido de un freno.

Para eso necesita tres etapas encadenadas, y cada una resuelve un problema distinto. El oído externo recoge y encauza. El oído medio hace de adaptador entre el aire y el líquido —que es el paso más difícil de todos—. Y el oído interno hace el análisis: separa el sonido por frecuencias y lo traduce a impulsos nerviosos.

Vamos parte por parte, y al final las dos cosas que explican casi todo lo que puede ir mal: por qué siempre se pierden antes los agudos y por qué unas averías tienen arreglo y otras no.

Partes del oído

El sistema auditivo convierte las vibraciones sonoras en impulsos nerviosos. Para ello cuenta con varias partes que vamos a ver a continuación:

  • Oído externo está compuesto por:
    • Oreja: su función es recoger la energía auditiva y reconducirla hacia el canal auditivo.
    • Canal auditivo: cavidad que conecta la oreja con el tímpano. Mide aproximadamente entre 2,5 y 3 centímetros de largo.
    • Tímpano: membrana que separa el oído externo y el oído medio.
partes del oido externo oreja
Partes de la oreja
  • Oído medio
    • Huesecillos: el martillo, yunque y estribo hacen que las vibraciones del tímpano produzcan movimientos del líquido linfático del oído interno.
    • Trompa de Eustaquio: pone en comunicación la cavidad timpánica con la nasofaringe. Sirve para compensar la presión interna de los oídos.
    • Ventana oval: membrana que recubre la cóclea y está en contacto con el estribo.
partes del oido huesecillos
Detalles de los huesecillos
  • Oído interno
    • Canales semicirculares: están compuestos por dos compartimentos, el sáculo y el utrículo, y se encargan del sentido del equilibrio.
    • Cóclea o caracol: es un conducto con forma espiral que transforma las vibraciones en impulsos nerviosos:
      • Rampa vestibular: en contacto con la ventana oval, recibe las vibraciones de la cadena de huesecillos y está llena de un líquido llamado perilinfa.
      • Rampa timpánica: termina en la ventana redonda y también está llena de perilinfa.
      • Conducto coclear: también conocido como rampa coclear. Se encuentra separado de la rampa vestibular y de la timpánica por la membrana de Reissner y la membrana basilar, respectivamente. En la rampa coclear se localiza el órgano de Corti, donde se lleva a cabo la transformación de las vibraciones sonoras en impulsos neurales. Se hace a través de unas estructuras, llamadas células ciliadas, que se comportan como pelillos de diferentes tamaños que se activan dependiendo de la frecuencia de las vibraciones. Así se generan los impulsos para los sonidos agudos, medios, graves, etc.
    • Nervio auditivo o vestibulococlear: transmite la información sobre el sonido y el equilibrio desde el oído interno hasta el sistema nervioso central.
partes del oido interno
Detalle del oído interno

Por qué siempre se pierden antes los agudos

Hay un detalle del órgano de Corti que explica, él solo, casi todo lo que le pasa a la audición con los años: la cóclea está ordenada por frecuencias. Se llama organización tonotópica y funciona como el teclado de un piano enrollado en espiral.

Las células ciliadas de la entrada de la cóclea —la parte ancha, llamada base— responden a los sonidos agudos. Según avanzas hacia el fondo de la espiral, el ápex, la membrana basilar se vuelve más ancha y flexible, y las células responden a frecuencias cada vez más graves. Cada punto tiene su nota.

De esa geometría salen dos consecuencias:

Toda la energía pasa por la zona de los agudos. Da igual qué frecuencia entre: la onda recorre la cóclea desde la base, así que las células de los agudos reciben el paso de absolutamente todo lo que oyes a lo largo de tu vida. Son las que más trabajan y las que primero se desgastan.

Y no se regeneran. Nacemos con unas 15.000 células ciliadas por oído y no se reponen. En aves y anfibios sí vuelven a crecer; en mamíferos, no. Lo que se pierde, se pierde.

Por eso la pérdida por edad —la presbiacusia— empieza siempre por arriba y va bajando de forma ordenada: primero los 18 kHz, luego los 16, luego los 14. Y por eso puedes comprobarlo con una prueba tan simple como nuestro test de oído, que sube por escalones de frecuencia hasta que dejas de oír.

El agujero de los 4 kHz

El daño por ruido tiene además una firma propia, y es distinta de la de la edad: se concentra en torno a los 4 kHz, formando lo que en una audiometría se ve como una muesca característica.

La razón es en parte acústica: el canal auditivo mide unos 2,5 centímetros y se comporta como un tubo resonante, lo que amplifica de forma natural la banda de los 3 a los 4 kHz varios decibelios antes de que el sonido llegue siquiera al tímpano. La zona de la cóclea que responde a esas frecuencias recibe, por diseño, más energía que ninguna otra.

Y ahí está el problema práctico: de los 2 a los 4 kHz es justo la banda que hace inteligible el habla. Las vocales viven en los graves y se oyen bien casi siempre, pero las consonantes —la s, la f, la t, la ch— son ruido de alta frecuencia. Perder esa banda no es dejar de oír: es oír que alguien habla y no saber qué dice. De ahí la queja clásica de «te oigo pero no te entiendo», y de que todo empeore de golpe cuando hay ruido de fondo.

Qué puede fallar en cada parte (y cuál tiene arreglo)

Saber dónde está cada pieza sirve sobre todo para entender una distinción que los otorrinos usan constantemente y que decide el pronóstico: el problema está en la parte mecánica o en la parte nerviosa.

Pérdida de transmisión: la parte mecánica

Es la que afecta al oído externo y al medio, es decir, al camino que recorre el sonido antes de convertirse en señal. El aparato de análisis está intacto: lo que falla es la entrega.

  • Tapón de cerumen. La causa más común de «me he quedado sordo de un oído» de un día para otro, y la que más se resuelve en cinco minutos en una consulta.
  • Otitis media. Líquido en la cavidad timpánica que impide que los huesecillos se muevan con libertad.
  • Perforación del tímpano. Suele cerrarse sola; si no, se repara quirúrgicamente.
  • Otosclerosis. El estribo se fija y deja de transmitir. Tiene solución quirúrgica.
  • Disfunción de la trompa de Eustaquio. La sensación de oído taponado en aviones y con los cambios de altitud. Cuando la trompa no iguala la presión, el tímpano no puede vibrar bien.

Lo importante de este grupo: suele tener tratamiento, y a menudo se recupera del todo. Se nota como si te hubieran bajado el volumen, pero sin que el sonido se distorsione.

Pérdida neurosensorial: la parte que no se repara

Es la del oído interno y el nervio. Aquí entran la presbiacusia y el daño por ruido del capítulo anterior, y aquí es donde no hay marcha atrás, porque las células ciliadas no se regeneran.

Se nota distinto: no es que suene más bajo, es que suena peor. Subir el volumen no lo arregla, y por eso quien la tiene se queja de que le hablen más alto sin entender mejor. Un audífono ayuda porque amplifica de forma selectiva las frecuencias perdidas, pero no devuelve resolución.

El caso que es urgencia. Una pérdida de audición repentina en un oído, en horas o de un día para otro, sin dolor y sin catarro, es una sordera súbita hasta que se demuestre lo contrario, y se trata con corticoides. El tratamiento es mucho más eficaz cuanto antes se empiece: los primeros días cuentan de verdad. No es algo que convenga esperar a ver si se pasa.

Y el equilibrio

Un detalle que a mucha gente le sorprende: los canales semicirculares que vimos arriba comparten líquido y nervio con la cóclea, pero no tienen nada que ver con oír. Son el sistema del equilibrio.

Por eso hay problemas que dan las dos cosas a la vez. El vértigo posicional benigno aparece cuando unos cristales de carbonato cálcico se sueltan del utrículo y se meten en un canal semicircular, y la enfermedad de Ménière combina vértigo, acúfeno y pérdida de audición fluctuante precisamente porque afecta al líquido que baña las dos estructuras.

Rubén Castro

Rubén Castro

Redactor

Apasionado de explorar y diseccionar lo último en tecnología. Tengo mucha experiencia en el mundo de los ordenadores y el gaming, aunque también me gustan todos los tipos de gadgets.